No lo sé, pero unas cuantas palabras pueden ser todo un océano de conjeturas y especulaciones, transmutadas a la alegría de saberte, aunque fuese a destiempo y en solo dos líneas.
Muchas gracias por tus palabras, las cuales llegaron en el momento preciso, a pesar de que las dijiste en tiempo impreciso, en junio y las he leído apenas en septiembre.
Héctor Eduardo.
Friday, September 06, 2019
Tuesday, February 26, 2019
Madurez Emocional.
Siempre me he preocupado por lo que pueda sentir, por lo que impera en derredor de mi, en hablar siempre en primera persona y nunca habitar en los píes del prójimo, todo en medio de una verborrea llena de matices egoístas que contrastan plenamente con la convicción de ser un ciudadano ejemplar, ese buen sujeto que he creído ser. Lamentablemente, la madurez emocional nunca nos alcanza, porque siempre, por más que disfrace mi falso altruismo, mi verdadero yo sale a relucir, poniéndome la etiqueta de ser la víctima y al que el "destino", esa falsa epopeya que consuela solo a los débiles, le traerá consigo la honrosa revancha que sabré aprovechar... Qué patético, nada más falso que eso, nada más egoísta para incluso, con uno mismo.
La realidad es que siempre he estado y estuve a tus píes, pero nunca en tus píes, nunca me di la tarea de pensar o traté de sentir como sientes o te sentías en aquellos años, sino todo lo contrario, aproveché mis "millas" de mayor vuelo que tú para llevar la situación a esas instancias, solo que no consideré que queriendo ser el cazador, terminé siendo la presa, pues en esa trampa de dos vías el atrapado y herido fui yo (otra vez, hablando solo de mi). Pero qué hay de ti, supe por los allegados que aquello tuyo no continuó, y en mis momentos de lucidez, siento mucho remordimiento, mucha pena, porque en tan solo unas horas, de tu infinita bondad y confianza, desenmarañé algo que tenía muchos años de haberse forjado y construido... puesta en escena donde fui el villano que estriba en el guión.
A letra escrita de culpabilidad manifiesta, he de decir, que en ese preciso momento, no sentí remordimiento ni duda de mi proceder, siendo más sincero aun, no he sentido aversión a mi moralidad, en relación a ese tema, hasta apenas hace 10 minutos que comencé el presente escrito. Desconozco si estoy dándole aires de tragedia a algo que quizás no fue malo, pero la tragedia radica que tampoco fue bueno, al menos para ti, porque seguramente si lo hubiera sido, aun estaríamos los dos. Sin embargo, traje lágrimas a tu rostro, traje angustias y pena, muy seguramente noches en vela, alguno que otro grito y finalmente un punto final a una historia que venía escrita con tinta de novela. Entonces, en este preciso momento, comprendo mi condición de Non Grato en tu vida, comprendo que peor que un odio, exista una indiferencia hacia lo que con tanto cariño recuerdo, y ese recuerdo en tu mente sea un momento de esos que no queremos...
Por todo lo anterior, he decidido romper el plumón y restaurar una vida sin que exista el hoy o el mañana juntos, solo un corto y efímero ayer, de apenas un par de horas, que en lo emocional para mi fueron un par de vidas y un par de muertes... Las Palabras y los Garabatos seguirán, pero con otro sazón, en otro esquema de pluma y crayón, como epitafio a un capítulo que termina, y que se le da la vuelta para ver otras perspectivas que la misma vida trae para quienes en cada momento y en cada segundo, decidimos aprovecharlos para hacer mejor las cosas y con la pregonada madurez emocional que tanto alardeamos, poner en práctica para no volverle a hacer daño a nadie mas.
Héctor Eduardo.
Wednesday, January 16, 2019
Encontrarte.
Lo más grandioso de encontrarte fue cuando nos perdimos, porque así pude conocer el sazón que la vida trae cuando se sufre de amor... No sé si sea costumbre o meramente un hábito, pero hasta ampollas hay en mis dedos de tanto escribir en tu honor, en tu recuerdo. Quimérico resultado de ensayar encontrarte de nueva cuenta y sucumbir al arrebato de perderte cuando el sol entra por la mañana, a través de la ventana; acierto y error, encontrarte y perderte, así una y otra vez.
Encontrarte fue todo un banquete de emociones, lleno de manjares y de gustaciones suculentas, canapés dignos de un milagro en el centro de la estrofa que da el ritmo, la armonía y la simetría a este ensayo poético de prosas, inspiradas en ti. Entonces, encontrarte fue un tino fino, con precisión quirúrgica del destino; así, habitual, casual, estructural, agónico y re vitalizador, como oasis en el desierto, como tabla en medio del océano... Vamos, encontrarte fue el balance perfecto, un hito cósmico que nos pone en perfecta posición para amar el recuerdo que diariamente asoma por mis noches y se pierde en las mañanas...
Héctor Eduardo
Encontrarte fue todo un banquete de emociones, lleno de manjares y de gustaciones suculentas, canapés dignos de un milagro en el centro de la estrofa que da el ritmo, la armonía y la simetría a este ensayo poético de prosas, inspiradas en ti. Entonces, encontrarte fue un tino fino, con precisión quirúrgica del destino; así, habitual, casual, estructural, agónico y re vitalizador, como oasis en el desierto, como tabla en medio del océano... Vamos, encontrarte fue el balance perfecto, un hito cósmico que nos pone en perfecta posición para amar el recuerdo que diariamente asoma por mis noches y se pierde en las mañanas...
Héctor Eduardo
Tuesday, January 08, 2019
En Privado.
Alguna vez le escribí a las gaviotas, alguna otra vez a las estrellas, en otra ocasión a alguna musa o ninfa que adornó mi alma de calor en primavera... Hoy siempre Te escribo a ti, porque en el fondo, espero que me leas, que esto sea tan personal, tan privado, solo entre tu y yo, como el Milagro Secreto de Borges, así, algo que solo dos almas en medio de siete mil millones más puedan saber. Un secreto que todo mundo presenció, pero nadie vio. Este, mi confesionario, mi sala de verdades, mi escritura en tinta digital, la cual Amo cuando no emerge en sal, cuando no sale de este mundo al espacio sideral, que cual Marciano fuera de su nave espacial, no encuentra el rumbo, y colisiona con si mismo, con otros planetas que no son él mismo, que no son más que quiméricas sombras que proyectan falsas expectativas de ser tú, pero solo son tinieblas frías, de un ocaso que ya nunca volvió a transcurrir.
Mi fe, mi esperanza, mi riqueza y mis ilusiones coexisten entre si, pero todas tienen un puñado de ti, de tu recuerdo, de la atmósfera que encierra el misterio de los hermosos arcos que forman tus cejas, de tu mirada cristalina que me mantiene coherente y firme en mis convicciones, de esos labios que aun tengo perpetuados en los míos, de ese suculento y fino cuello que me embrujó e hizo perder mi razón. No digamos de esas manos tersas y delgadas, Nunca vistas antes; como cuerda de un arpa, como porcelana en acabados de granito y mármol, poesía hecha dama; y ni hablar del resto de tu cuerpo, pues a mi parecer, obra más perfecta y exacta Dios no pudo haber creado... Cuando más quiero claudicar de ti, mas Te recuerdo y mas me aferro a ti, a esta plática sin fin, a este ensayo que nunca entrego, a este ejercicio de jugar a olvidarte, que siempre Olvido cuando es el comienzo y cuando es su fin.
Por lo pronto seguimos firmes a este monólogo, a este espacio que solo tú y yo debemos a la vida, a esta pradera llamada Palabras y Garabatos, que se mantiene verde y llana, floral y de parcela verdosa, un paraíso solo en tu honor, en mi devoción a ti, en mi rendición al recordar tus palabras, y que nutre cada una de mis líneas, de amor y del recuerdo como evidencia de que existo y existes, como evidencia que se erosiona por el tiempo, y quizás algún día se extinguirá.
Héctor Eduardo.
Mi fe, mi esperanza, mi riqueza y mis ilusiones coexisten entre si, pero todas tienen un puñado de ti, de tu recuerdo, de la atmósfera que encierra el misterio de los hermosos arcos que forman tus cejas, de tu mirada cristalina que me mantiene coherente y firme en mis convicciones, de esos labios que aun tengo perpetuados en los míos, de ese suculento y fino cuello que me embrujó e hizo perder mi razón. No digamos de esas manos tersas y delgadas, Nunca vistas antes; como cuerda de un arpa, como porcelana en acabados de granito y mármol, poesía hecha dama; y ni hablar del resto de tu cuerpo, pues a mi parecer, obra más perfecta y exacta Dios no pudo haber creado... Cuando más quiero claudicar de ti, mas Te recuerdo y mas me aferro a ti, a esta plática sin fin, a este ensayo que nunca entrego, a este ejercicio de jugar a olvidarte, que siempre Olvido cuando es el comienzo y cuando es su fin.
Por lo pronto seguimos firmes a este monólogo, a este espacio que solo tú y yo debemos a la vida, a esta pradera llamada Palabras y Garabatos, que se mantiene verde y llana, floral y de parcela verdosa, un paraíso solo en tu honor, en mi devoción a ti, en mi rendición al recordar tus palabras, y que nutre cada una de mis líneas, de amor y del recuerdo como evidencia de que existo y existes, como evidencia que se erosiona por el tiempo, y quizás algún día se extinguirá.
Héctor Eduardo.
Thursday, December 20, 2018
El Orden Natural de las Cosas.
Es irreverente el destino; cómo la vida nos puede sorprender de pronto, trayendo personas a nuestro camino, personas que en el orden natural y exacto de las cosas, jamás debieron tocar nuestra puerta. Que llegaron para quedarse, aunque al mes de haberlas conocido, estas hayan partido. En el sentido estricto de la palabra, pudiera ser casualidad, pudiera ser una posibilidad en millones de que ocurriese el encuentro, el momento perfecto y exacto que marcaría nuestros caminos, pero no fue así, sino una causalidad.
¿Cómo es posible que la haya encontrado y la haya perdido? Lo más cuerdo hubiera podido ser no haberla conocido, pero sabía que tarde que temprano pasaría, solo que la torpeza de... Demonios, solo escribo por escribir, en realidad soñé con ella, soñé contigo Mar, como cada noche desde hace ya tres años, viniste de nuevo a mi mesa a cenar, degustamos un platillo de crepas saladas, que nunca antes había probado y nunca más probé desde aquella vez que me conminaste.
Tres años; un veintidós de diciembre del año dos mil quince. Han transcurrido mil noventa y cinco días desde entonces, tantos días, horas, minutos, así como segundos en los que te he echado de menos, pero en esta última curva de mi existir es cuando más te he padecido, cuando más pienso en el destino y en mis actos, "qué no debí hacer, qué hice bien, pero no fue suficiente, qué hice de más, y qué pudiera haber hecho" para que te enamoraras de mi... Ya con el transcurrir de los años, a través del tiempo, comienzo a perder la fe, empieza a recorrerme un escalofrío que me perturba, que me inquieta, que me llena de desasosiego, esa sensación de que todo lo que escribí cuando recién comenzaba a escribirte, toda esa seguridad de que "algún día nos encontraremos" "sé que te volveré a ver y me volverás a ver", toda esa parvada de dimes, no era más que un espejismo y la realidad, llana e inocua, es que fuimos como dos cometas que en su momento nos cruzamos, nos amamos, y nos fuimos, con una anemia de más besos y con una fiebre que nos hizo perdernos para siempre en medio de las alucinaciones causadas por la embriaguez que nos cegó.
Me resisto a creerlo y me doy cuenta que detrás de este teclado y de estas líneas no llegaré a ti, debo de hacer cosas distintas y eso haré, si no, oficialmente te habré perdido para siempre, regresando todo al orden natural de las cosas...
Héctor Eduardo.
¿Cómo es posible que la haya encontrado y la haya perdido? Lo más cuerdo hubiera podido ser no haberla conocido, pero sabía que tarde que temprano pasaría, solo que la torpeza de... Demonios, solo escribo por escribir, en realidad soñé con ella, soñé contigo Mar, como cada noche desde hace ya tres años, viniste de nuevo a mi mesa a cenar, degustamos un platillo de crepas saladas, que nunca antes había probado y nunca más probé desde aquella vez que me conminaste.
Tres años; un veintidós de diciembre del año dos mil quince. Han transcurrido mil noventa y cinco días desde entonces, tantos días, horas, minutos, así como segundos en los que te he echado de menos, pero en esta última curva de mi existir es cuando más te he padecido, cuando más pienso en el destino y en mis actos, "qué no debí hacer, qué hice bien, pero no fue suficiente, qué hice de más, y qué pudiera haber hecho" para que te enamoraras de mi... Ya con el transcurrir de los años, a través del tiempo, comienzo a perder la fe, empieza a recorrerme un escalofrío que me perturba, que me inquieta, que me llena de desasosiego, esa sensación de que todo lo que escribí cuando recién comenzaba a escribirte, toda esa seguridad de que "algún día nos encontraremos" "sé que te volveré a ver y me volverás a ver", toda esa parvada de dimes, no era más que un espejismo y la realidad, llana e inocua, es que fuimos como dos cometas que en su momento nos cruzamos, nos amamos, y nos fuimos, con una anemia de más besos y con una fiebre que nos hizo perdernos para siempre en medio de las alucinaciones causadas por la embriaguez que nos cegó.
Me resisto a creerlo y me doy cuenta que detrás de este teclado y de estas líneas no llegaré a ti, debo de hacer cosas distintas y eso haré, si no, oficialmente te habré perdido para siempre, regresando todo al orden natural de las cosas...
Héctor Eduardo.
Friday, November 16, 2018
Te Dejaré
Te dejaré que vayas, tan hermosa como eres,
daré mi vida intentando sostenerte.
Porque quiero que encuentres, esos sueños que se sienten,
cuando se vive inmensamente a tu edad.
Te dejaré que encuentres, un Sol cada mañana,
las emociones que tal vez no hayas sentido,
y no verán tus ojos, ese llanto que derramo,
porque será el amor más grande que mi alma puede darte.
Y dejaré que sueñes, para que encuentres el camino,
aunque te alejes y ya no estés conmigo.
Te dejaré las alas, para encontrar tu alma,
te dejaré, aunque me cueste.
daré mi vida intentando sostenerte.
Porque quiero que encuentres, esos sueños que se sienten,
cuando se vive inmensamente a tu edad.
Te dejaré que encuentres, un Sol cada mañana,
las emociones que tal vez no hayas sentido,
y no verán tus ojos, ese llanto que derramo,
porque será el amor más grande que mi alma puede darte.
Y dejaré que sueñes, para que encuentres el camino,
aunque te alejes y ya no estés conmigo.
Te dejaré las alas, para encontrar tu alma,
te dejaré, aunque me cueste.
Te dejaré que me ames, así sin pedir nada,
así sabre y conoceré qué pasa con mi alma,
y sigo en el intento, buscando un mundo que no encuentro,
ayúdame a encontrar la luna, en esta noche tan oscura,
y aunque tal vez me confunda, tu corazón me guiará.
No tengas miedo, que aquí me encontrarás.
Te dejaré que vueles.
Te dejaré que esperes.
Te dejaré, te dejaré.
Te dejaré que me ames, así sin pedir nada,
porque en tus ojos enseñaré el mañana.
Te dejaré que encuentres,
te dejaré que sueñes.
Te dejaré, te dejaré.
Aunque me cueste.
LF.
Friday, October 12, 2018
Resistencia al Temporal
Amaba cada detalle de ti, toda la magia que esparcías al entrar, las bellas y culposas miradas que calentaban al Mar y ebullecían mi corazón... Mi reina.
Hoy a mil veinticinco días después de ti, amo cada uno de tus recuerdos, hasta mirar tu maquillaje derrapando por tu mejilla, y tu careta divertida esperando la noche de brujas, cual quimera de mis idilios...
Amor con una resiliencia bárbara, y con puntual suspiro emanado de la brisa de tu aliento, que aun guardo en el interior de mi gabardina, para los días de ayuno, para los momentos de veda... Conservo alguna fibra de tus cabellos y aun humedezco mis labios con la fragancia de cada uno de tus besos.
Aquí en mi pecho retumba la emoción por aquellos suspiros que emanaron de tu voz, y por la pasión desbordada de tu cuerpo, pidiéndome a bocanadas de aire una primavera, en medio de aquel otoñal invierno.
Resistencia al temporal que significa que no estemos en este mismo plano, es lo que tiene mi amor, resistencia perpetua, que solamente alimenta mi fe y mi emoción de estar cada día más próximo al momento de nuestro encuentro, al momento de volver a cruzar nuestras culposas miradas y calentar al corazón, ebulleciendo nuestro infinito Mar.
Héctor Eduardo.
Hoy a mil veinticinco días después de ti, amo cada uno de tus recuerdos, hasta mirar tu maquillaje derrapando por tu mejilla, y tu careta divertida esperando la noche de brujas, cual quimera de mis idilios...
Amor con una resiliencia bárbara, y con puntual suspiro emanado de la brisa de tu aliento, que aun guardo en el interior de mi gabardina, para los días de ayuno, para los momentos de veda... Conservo alguna fibra de tus cabellos y aun humedezco mis labios con la fragancia de cada uno de tus besos.
Aquí en mi pecho retumba la emoción por aquellos suspiros que emanaron de tu voz, y por la pasión desbordada de tu cuerpo, pidiéndome a bocanadas de aire una primavera, en medio de aquel otoñal invierno.
Resistencia al temporal que significa que no estemos en este mismo plano, es lo que tiene mi amor, resistencia perpetua, que solamente alimenta mi fe y mi emoción de estar cada día más próximo al momento de nuestro encuentro, al momento de volver a cruzar nuestras culposas miradas y calentar al corazón, ebulleciendo nuestro infinito Mar.
Héctor Eduardo.
Monday, September 10, 2018
Vamos a Suponer.
Vamos a suponer que nunca nos besamos, vamos a suponer que nunca me enamoré de ti, vamos a suponer que nos olvidamos, que todos los días no te pienso y que no te has convertido en la mujer de mis sueños. Ahora bien, en este hipotético mundo, un mundo raro, percibo la felicidad como un fresco aroma matinal, como una fragancia que inunda totalmente mis sentidos, que extermina cada una de mis inseguridades y que me lleva de camino hacia un precipicio de grises sin matices.
Mejor vamos a suponer que nunca me abandonaste, vamos a suponer que nos fugamos juntos, que llevamos tres años siendo tú para mi y yo para ti, fraguando una vida en comunión, una aventura sin principio o fin, con los jilgueros de nuestros idilios en cada beso, con las caricias que enchinan la piel como receta de la felicidad, con la constante de un Te Quiero en el desayuno y un Te Amo después de la cena y la certeza de mil mañanas despertando a tu lado, convertidas en poesía quieta, como una pausa a la realidad y el trigo que alimenta cualquier esperanza para la plenitud, dicha y felicidad.
Vamos a suponer... Lamentablemente la suposición no forma parte tangible de este universo en que nos hemos enrolado, la suposición es especular sobre lo que uno desea y no fue, la suposición es un nardo con aroma de tristezas y nostalgias... La suposición refleja que aun vivo extrañándote a ti mi amada, como desde aquella mañana que ya no cruzaste más tu mirada y mi mirada.
Héctor Eduardo.
Mejor vamos a suponer que nunca me abandonaste, vamos a suponer que nos fugamos juntos, que llevamos tres años siendo tú para mi y yo para ti, fraguando una vida en comunión, una aventura sin principio o fin, con los jilgueros de nuestros idilios en cada beso, con las caricias que enchinan la piel como receta de la felicidad, con la constante de un Te Quiero en el desayuno y un Te Amo después de la cena y la certeza de mil mañanas despertando a tu lado, convertidas en poesía quieta, como una pausa a la realidad y el trigo que alimenta cualquier esperanza para la plenitud, dicha y felicidad.
Vamos a suponer... Lamentablemente la suposición no forma parte tangible de este universo en que nos hemos enrolado, la suposición es especular sobre lo que uno desea y no fue, la suposición es un nardo con aroma de tristezas y nostalgias... La suposición refleja que aun vivo extrañándote a ti mi amada, como desde aquella mañana que ya no cruzaste más tu mirada y mi mirada.
Héctor Eduardo.
Wednesday, July 25, 2018
En mi Felicidad.
Siempre las ganas de escribirle a la dicha y a la abundancia emergen desde la profundidad de tu recuerdo, de tu sonrisa. En mi felicidad tenía contemplada a una linda mujer, de buenos sentimientos, de frondosa cabellera, con un tono peculiar al pronunciar mi nombre, y que sus manos, finas como de porcelana, rozaran las mías a voluntad y por instinto, como una reacción sistemática al cariño y amor que nos profesemos.
En mi felicidad, no existe el antes ni el después, todo en balance con el presente perfecto, el presente eterno de aquellas frías mañanas de invierno, de aquellas sonrisas de complicidad, atrapada tú en mi, para siempre, conmigo y sin ti, estando en el edredón que me arropa en este verano que quema las angustias y las convierte en anhelo, en recuerdo. Aquellas discusiones estériles y solo con el sentido de darle sentido al sin sentido que era disfrutar tus pequeños enfados, tus pequeños berrinches que culminabas con un soliloquio digno de Otello, Macbeth o Hamlet... Complicidad absoluta y para siempre, para nunca y para mi, en veces para ti.
En mi felicidad no abundan tus ausencias, pues hasta el último de los besos que te repartí, no tienen ni la mitad de la suma del valor de los que me obsequiaste, pues basta recordar lo terso de tu piel, tu aroma de mujer, tu néctar exquisito que me embriaga aun, casi tres años después, con raciones de aquella habitación y deseos de que vuelva el calendario a la noche de aquel martes de diciembre caído en día veintidós, para agregar a la receta un poco más y que nuestra sazón sea el húmedo de nuestro paladar...
En mi felicidad moran muchas utopías, algunas realidades y pocas fantasías; es como un arte, el arte de pensar mucho, hablar demasiado y resolver poco, es la constante de lo inconstante, de suspirar en plena madrugada por tus recuerdos, erizando mi piel y condenando mi sosiego, y la culminante razón de no olvidarte, aunque lo quiera y/o lo implore, para después recordarte, y de manera fulminante saber que lo importante en mi felicidad, es no dejar de amarte... ¿Qué es tu felicidad?
Héctor Eduardo.
En mi felicidad, no existe el antes ni el después, todo en balance con el presente perfecto, el presente eterno de aquellas frías mañanas de invierno, de aquellas sonrisas de complicidad, atrapada tú en mi, para siempre, conmigo y sin ti, estando en el edredón que me arropa en este verano que quema las angustias y las convierte en anhelo, en recuerdo. Aquellas discusiones estériles y solo con el sentido de darle sentido al sin sentido que era disfrutar tus pequeños enfados, tus pequeños berrinches que culminabas con un soliloquio digno de Otello, Macbeth o Hamlet... Complicidad absoluta y para siempre, para nunca y para mi, en veces para ti.
En mi felicidad no abundan tus ausencias, pues hasta el último de los besos que te repartí, no tienen ni la mitad de la suma del valor de los que me obsequiaste, pues basta recordar lo terso de tu piel, tu aroma de mujer, tu néctar exquisito que me embriaga aun, casi tres años después, con raciones de aquella habitación y deseos de que vuelva el calendario a la noche de aquel martes de diciembre caído en día veintidós, para agregar a la receta un poco más y que nuestra sazón sea el húmedo de nuestro paladar...
En mi felicidad moran muchas utopías, algunas realidades y pocas fantasías; es como un arte, el arte de pensar mucho, hablar demasiado y resolver poco, es la constante de lo inconstante, de suspirar en plena madrugada por tus recuerdos, erizando mi piel y condenando mi sosiego, y la culminante razón de no olvidarte, aunque lo quiera y/o lo implore, para después recordarte, y de manera fulminante saber que lo importante en mi felicidad, es no dejar de amarte... ¿Qué es tu felicidad?
Héctor Eduardo.
Friday, July 13, 2018
Efímera Cercanía.
Sin las prisas del tiempo, sin las urgencias de terminar lo que apenas comienzo a recitarte, con la manecilla del reloj presionando mi columna, con la necesidad de llegar al final del camino y saberte que alguna vez fue lo que nunca... He llegado a la conclusión de que me gusta este tipo de vida, este ambiente, esta gente, donde todo es tranquilidad, el aire sopla fresco y agradable, los loros recitan una prosa rítmica desde su mango y los mininos ronronean por el amor recién culminado... Y entre todo esto, me encuentro con la consigna de saber que te tuve como algo efímero, que fui, y soy, totalmente tuyo, desde cada molécula y cada átomo de mi ser, que cada gota de sudor, que cada cuerda vocal o gesto que haga, ha sido inspirado en ti y para ti... mi mar, ya ni en fotos te puedo imaginar, como una marca en la arena, justo al borde de las olas, que se llevan todo lo que ha sucedido y solo queda un viejo vestigio de que alguna vez pudiste estar.
Aun recuerdo cuando te conocí, aun recuerdo la vez primera que te vi, saliendo de esa habitación, sonriendo por haber conseguido quedarte, y mas aun, cuando me hablaste por primera vez, cuando cruzamos mirada e intercambiamos sonrisas; verte aparecer cada mañana era mágico, era romper cualquier monótona idea del día, era quebrantar mis tranquilos momentos a cambio del estridente y carnavalesco andar de tus momentos, canjear la estabilidad al vertiginoso ruido de tus vocales, y resoplarte una palabra en secreto, como un susurro en medio del océano, como un barullo en medio de la planicie, para conseguir de cambio para el resto del día, una sonrisa tuya, un momento juntos, aunque solo fuese una efímera cercanía.
Héctor Eduardo
Aun recuerdo cuando te conocí, aun recuerdo la vez primera que te vi, saliendo de esa habitación, sonriendo por haber conseguido quedarte, y mas aun, cuando me hablaste por primera vez, cuando cruzamos mirada e intercambiamos sonrisas; verte aparecer cada mañana era mágico, era romper cualquier monótona idea del día, era quebrantar mis tranquilos momentos a cambio del estridente y carnavalesco andar de tus momentos, canjear la estabilidad al vertiginoso ruido de tus vocales, y resoplarte una palabra en secreto, como un susurro en medio del océano, como un barullo en medio de la planicie, para conseguir de cambio para el resto del día, una sonrisa tuya, un momento juntos, aunque solo fuese una efímera cercanía.
Héctor Eduardo
Friday, June 22, 2018
Cameo.
Hoy te volví a soñar... Carajo, cuando justo comenzaba a creer que te había olvidado, que había estrangulado la esencia de tu recuerdo, que me había liberado de la nostalgia de pensar en tus besos y de tu olor a fresca primavera, y ahora resulta que no, Mar, que no, que en mis sueños, en lo más profundo de la calma y la tranquilidad de las noches, has aparecido a robarme un suspiro, a hurtar mi tranquilidad y a sentarte en la mesa a cenar conmigo, pero sin querer cenar, sin querer hablar, con muecas de disgusto, en medio de un berrinche, enojada por algo o por alguien, pero estando conmigo, que es lo importante, como un cameo de cine, como una esporádica referencia a tu persona, con tus cabellos rojizos y tu piel sonrojada de estar con el cabreo y soportando mis embates por tanto insistir en hacerte sonreír... Con devolverme el oxígeno y las ganas de seguir durmiendo, en esa efímera cena que nunca probé, en ese débil momento que en ti fragüé y que prolongué hasta el amanecer.
No puedo romper el pacto (de olvidar olvidarnos), no puedo... Y sin embargo espero con ansías dejar de soñar.
Héctor Eduardo.
No puedo romper el pacto (de olvidar olvidarnos), no puedo... Y sin embargo espero con ansías dejar de soñar.
Héctor Eduardo.
Wednesday, March 28, 2018
Ausencia de Mar.
En todo el año no he escrito... La pluma no me ha dado ideas, no me ha dado sentido a extrañarte como tanto te extrañaba, es como una trombosis a la melancolía y en detrimento de mis expectativas, aun te sigo extrañando.
Quise que fuese hoy, solo para animarme a pensarte unas líneas; buscaba que fuera poesía pura, infestada de metáforas y analogías impías, sin embargo, solo traigo mi descafeinada rima que no rima, mis prosas llenas de ausencia de ritmo, y vacías de sentido, pero siempre enfocadas en el recuerdo que tengo de lo terso de tus manos, de la finura de tus delgadas manos, expuestas con esos dedos de porcelana, colgantes de una escultural hermosura, fungiendo de compás a mis manos, para encontrar el camino al norte y pasar de entre ellos, como contrabando.
Hoy elegí para escribirte Mar, ¿Por qué?, eso ni yo lo sé, será quizás porque cada día estoy más tiento a pulsar el botón del teclado y saludarte por vez primera, con la bandera blanca izada en señal de paz, en señal de "¡Hey!,estoy aquí, listo para platicar y retomar esa vieja y hermosa amistad", si, esa hermosa amistad que solo nos duró treinta días, pero para mi, fueron treinta siglos, siempre a tu lado, siempre para ti.
Se me retuerce el estómago solo de pensar en que me has olvidado, yo nunca te he podido olvidar; pues eres inoportuna e imprudente, apareces en mis momentos más felices para recordarme mi infelicidad, y te difuminas cuando más te necesito, haciendo de mi, un poco mas infeliz, como una tragicomedia griega, como un cuento épico, con claroscuros bien definidos y siempre el atuendo del que se viste de gala, solo para verte, y nunca llegaste. Mar ¿En qué momento nos encontramos de la vida? En donde no puedo amalgamar el coraje para hablarte o llamarte, o en donde es lo más conveniente para los dos, es no sabernos, a pesar de que en algún punto nos sepamos, y no nos olvidamos... ¿Y qué hay de nuestro tiempo que nunca existió? ¿Qué hay de las caricias esperando para los dos?¿Qué de la tasa fría de té que alguna vez quise contigo compartir, o de las frituras de queso que siempre te quise conminar? ¿De las risas juntos y aquellas discusiones que nos privamos de tener y no sufrir? ¿De las pláticas profundas y discusiones por nuestras maneras distintas de pensar?¿De aquellos futuros que te dibujé con cincel y tracé en tu mente e imaginación?¿O de los arrebatos de celos que alguna vez llegamos ambos a insinuar? Efímeros, pero dignos de una oda, que siempre te canto yo.
Finalmente Mar, sigue mi promesa en píe, no he olvidado, olvidar olvidarte, aquí sigo, en la estación de tu llegada, a la puerta del vagón que lleva tu abrigo y en la distancia, a casi tres años de nuestra coincidencia en este mundo, te digo que no he dejado de amarte... En Mi ausencia de Mar.
Héctor Eduardo
Quise que fuese hoy, solo para animarme a pensarte unas líneas; buscaba que fuera poesía pura, infestada de metáforas y analogías impías, sin embargo, solo traigo mi descafeinada rima que no rima, mis prosas llenas de ausencia de ritmo, y vacías de sentido, pero siempre enfocadas en el recuerdo que tengo de lo terso de tus manos, de la finura de tus delgadas manos, expuestas con esos dedos de porcelana, colgantes de una escultural hermosura, fungiendo de compás a mis manos, para encontrar el camino al norte y pasar de entre ellos, como contrabando.
Hoy elegí para escribirte Mar, ¿Por qué?, eso ni yo lo sé, será quizás porque cada día estoy más tiento a pulsar el botón del teclado y saludarte por vez primera, con la bandera blanca izada en señal de paz, en señal de "¡Hey!,estoy aquí, listo para platicar y retomar esa vieja y hermosa amistad", si, esa hermosa amistad que solo nos duró treinta días, pero para mi, fueron treinta siglos, siempre a tu lado, siempre para ti.
Se me retuerce el estómago solo de pensar en que me has olvidado, yo nunca te he podido olvidar; pues eres inoportuna e imprudente, apareces en mis momentos más felices para recordarme mi infelicidad, y te difuminas cuando más te necesito, haciendo de mi, un poco mas infeliz, como una tragicomedia griega, como un cuento épico, con claroscuros bien definidos y siempre el atuendo del que se viste de gala, solo para verte, y nunca llegaste. Mar ¿En qué momento nos encontramos de la vida? En donde no puedo amalgamar el coraje para hablarte o llamarte, o en donde es lo más conveniente para los dos, es no sabernos, a pesar de que en algún punto nos sepamos, y no nos olvidamos... ¿Y qué hay de nuestro tiempo que nunca existió? ¿Qué hay de las caricias esperando para los dos?¿Qué de la tasa fría de té que alguna vez quise contigo compartir, o de las frituras de queso que siempre te quise conminar? ¿De las risas juntos y aquellas discusiones que nos privamos de tener y no sufrir? ¿De las pláticas profundas y discusiones por nuestras maneras distintas de pensar?¿De aquellos futuros que te dibujé con cincel y tracé en tu mente e imaginación?¿O de los arrebatos de celos que alguna vez llegamos ambos a insinuar? Efímeros, pero dignos de una oda, que siempre te canto yo.
Finalmente Mar, sigue mi promesa en píe, no he olvidado, olvidar olvidarte, aquí sigo, en la estación de tu llegada, a la puerta del vagón que lleva tu abrigo y en la distancia, a casi tres años de nuestra coincidencia en este mundo, te digo que no he dejado de amarte... En Mi ausencia de Mar.
Héctor Eduardo
Thursday, November 30, 2017
No sé Nada de ti...
Ahora que no sé nada de ti, que no sé a quién darle estas cartas, me enfrento a este camino bifurcado y no sé elegir entre la agonía de esperarte y el oscuro sendero de olvidarte.
Mas eres algo grande palpitando en mis adentros, un acorde irrepetible vibrando en las cuerdas de mi corazón, sangre tibia galopando el bosque encantado de mi pecho. Cómo podría matar este amor por ti sin morirme yo mismo, cómo podría si mi amor por ti está anclado al ideal más grande que hay en mí, el del amor verdadero.
Abrigo la esperanza de encontrarte y que no me hayas olvidado... Aunque hoy, simplemente me instruyeras no hacerte caso e ignorarte como si nunca hubieras pasado.
Mas eres algo grande palpitando en mis adentros, un acorde irrepetible vibrando en las cuerdas de mi corazón, sangre tibia galopando el bosque encantado de mi pecho. Cómo podría matar este amor por ti sin morirme yo mismo, cómo podría si mi amor por ti está anclado al ideal más grande que hay en mí, el del amor verdadero.
Abrigo la esperanza de encontrarte y que no me hayas olvidado... Aunque hoy, simplemente me instruyeras no hacerte caso e ignorarte como si nunca hubieras pasado.
Thursday, October 26, 2017
Sensación Real
Otra vez apareciste nocturna, como deambulando mi consciencia y peregrinando a mi nostálgico corazón... Mar, no tienes idea de cuánto te echo de menos, dividiste mi vida en antes de ti y después de ti; a pesar de las diferencias, a pesar de estar a años luz de distancia, te añoro a mi lado, como aquella vez, para amarte, adorarte y ser el complemento de esta incompleta vida...
Estuviste en la escena central de mis idilios, protagonista de mi vista cuando tuve cerrados los parpados, en mi noche, en esos recorridos rodeados de girasol, con guirnaldas y azucenas, evocando mis tristes primaveras, acompañado de una taza tibia de té; sentado, matizando tu hermoso rostro, cubierto de esas gafas que tanto amo, de esos pómulos rojizos, evadiendo mi mirada, perpetuando esta distancia que me sofoca y me asfixia, de saberte absoluta y quizás finita, alejada de mis realidades, enclaustrada de mis vanidades ¡Oh Mar! ¿En qué punto nos encontramos y nos dijimos adiós? ¿En qué momento fue cuando tuvimos el cielo para los dos y lo cambiamos para no volvernos a ver? ¿Cómo fue que te encontré a mi lado, supe que eres lo que siempre esperé y ni siquiera un poco por ti luché? Si hay cosas de las que me arrepiento, de la que más, es el haber cambiado mis días de ti, por tus noches en mis sueños... Con esta sensación tan real de tenerte en mi camino, recorriendo los mismos pasos, recorriendo llanos y buscando tu mirada... encontrándome sin nada.
En mis sueños, sé que no estás conmigo, en un plano de realidad, sé que estoy en un escenario sub real, pero te encuentro y platicamos, y nos reímos, y te digo cosas sin sentido, y nos tomamos de la mano o nos enojamos, paseamos juntos, no solo en un auto, conocemos cosas de los dos, recordamos aquellas crepas saladas o tus soliloquios llenos de concentración, y volvemos a reír, y te recuerdo como si estuvieras aquí, que siempre vives en mi, que no hay día que no piense en ti, que no existe un ayuno o un desvelo en que tu nombre no cruce por mi mente y me conforto de saberte, que en otro momento o en otro tiempo estamos unidos, cercano yo a tu rostro para darte un beso o recorrer con mis manos tus mejillas mientras contemplo en tus ojos todo un cielo... Y despierto, cuando llega el timbre que avisa que de nuevo comencemos, pero me quedo con esta sensación tan real de que lo vivido no fue solo un sueño, fue una conexión que tuvimos, a pesar de todo este tiempo, y entonces dentro del grado monumental de mi nostalgia, sonrío, emito un dejo de dicha de saber que alguna vez tuve el honor de conocerte y que vivo esperando para ti.
Héctor Eduardo.
Estuviste en la escena central de mis idilios, protagonista de mi vista cuando tuve cerrados los parpados, en mi noche, en esos recorridos rodeados de girasol, con guirnaldas y azucenas, evocando mis tristes primaveras, acompañado de una taza tibia de té; sentado, matizando tu hermoso rostro, cubierto de esas gafas que tanto amo, de esos pómulos rojizos, evadiendo mi mirada, perpetuando esta distancia que me sofoca y me asfixia, de saberte absoluta y quizás finita, alejada de mis realidades, enclaustrada de mis vanidades ¡Oh Mar! ¿En qué punto nos encontramos y nos dijimos adiós? ¿En qué momento fue cuando tuvimos el cielo para los dos y lo cambiamos para no volvernos a ver? ¿Cómo fue que te encontré a mi lado, supe que eres lo que siempre esperé y ni siquiera un poco por ti luché? Si hay cosas de las que me arrepiento, de la que más, es el haber cambiado mis días de ti, por tus noches en mis sueños... Con esta sensación tan real de tenerte en mi camino, recorriendo los mismos pasos, recorriendo llanos y buscando tu mirada... encontrándome sin nada.
En mis sueños, sé que no estás conmigo, en un plano de realidad, sé que estoy en un escenario sub real, pero te encuentro y platicamos, y nos reímos, y te digo cosas sin sentido, y nos tomamos de la mano o nos enojamos, paseamos juntos, no solo en un auto, conocemos cosas de los dos, recordamos aquellas crepas saladas o tus soliloquios llenos de concentración, y volvemos a reír, y te recuerdo como si estuvieras aquí, que siempre vives en mi, que no hay día que no piense en ti, que no existe un ayuno o un desvelo en que tu nombre no cruce por mi mente y me conforto de saberte, que en otro momento o en otro tiempo estamos unidos, cercano yo a tu rostro para darte un beso o recorrer con mis manos tus mejillas mientras contemplo en tus ojos todo un cielo... Y despierto, cuando llega el timbre que avisa que de nuevo comencemos, pero me quedo con esta sensación tan real de que lo vivido no fue solo un sueño, fue una conexión que tuvimos, a pesar de todo este tiempo, y entonces dentro del grado monumental de mi nostalgia, sonrío, emito un dejo de dicha de saber que alguna vez tuve el honor de conocerte y que vivo esperando para ti.
Héctor Eduardo.
Friday, October 20, 2017
Veinte de Octubre
Hoy que es veinte de octubre, amaneció lluvioso, con un cierto dejo de frescura en el clima, con posibilidades de chubascos aislados por la tarde y quizás, solo quizás así, los loros dejen de cantar en su mango desgastado por el tiempo... Terminando con mi reporte del clima, me percato de la soledad que enfrenta mi alma, pues somos dueños materiales de las cosas que portamos, como las prendas de moda, el video juego, la sudadera predilecta, la bufanda con aroma de recuerdos, o quizás algún gorro que nos percate de aquella navidad en que esmeré tu felicidad, solo trayendo infelicidad... Somos dueños sin serlo, porque poseemos lo material, incluso de nuestro armazón de huesos y articulaciones llamados cuerpos, sin embargo, nuestras almas, nuestros espíritus y pensamientos, nuestros anhelos y suspiros son totalmente a campo abierto, y es ahí donde entras tú, es ahí donde nos pertenecemos, es donde aprieto tu mano, sin ser mano (¿olvidas que somos espíritus? y los espíritus no tienen manos), y te ofrendo un tributo de amor, amándote sin cesar como te amo hoy, más aun que desde la primera vez que te vi, más aun que en el infinito del tiempo pudiera alguien amar, aun sin ser amado, porque debes saberlo, tanto te amo, a raudales, sin confines, que se desborda dicho amor y me sobra para poner tu parte y devolverme el amor a mi.
Hoy es veinte de octubre, justo a un mes de celebrar tu onomástico, de saberte existente y que respiras y que estás más bella que nunca, que eres toda una mujer, con porte y personalidad, tan bella y sensual como siempre; tirito de nostalgia, de saber que esos labios gruesos y esos ojos chiquitos los sigo venerando y con la esperanza que encuentres el sendero que algún día te guíe a mi, a mis pasos y a mis presentes, excluyéndote de mis recuerdos y forjando los futuros noviembres a tu lado entero... Princesa de mis sueños, mar en mis estrellas del firmamento, no sé si deba felicitarte ese veinte de noviembre o pasar de largo esperando que esperes que yo deba esperar y entonces felicitarte para que te des cuenta que siempre te he esperado, que no pasa un minuto en el día, un solo chirriar de la nocturna madrugada, un espasmo de aire en mis pulmones o un momento en la manecilla del reloj en mi muñeca, en que no te dedique un anhelo, en que no piense qué será de tu mundo, si alguna vez piensas en mi y en mis desenfrenos; en recordarte cual majestuosa e implorar por tu pronta palabra, aunque sea lejana, aunque sea queda pero que salga del alma...
Hoy es veinte de octubre ¿qué hacer el veinte del siguiente, cuando tengo todo por hacer y nada que tu puedas ver?
Héctor Eduardo.
Hoy es veinte de octubre, justo a un mes de celebrar tu onomástico, de saberte existente y que respiras y que estás más bella que nunca, que eres toda una mujer, con porte y personalidad, tan bella y sensual como siempre; tirito de nostalgia, de saber que esos labios gruesos y esos ojos chiquitos los sigo venerando y con la esperanza que encuentres el sendero que algún día te guíe a mi, a mis pasos y a mis presentes, excluyéndote de mis recuerdos y forjando los futuros noviembres a tu lado entero... Princesa de mis sueños, mar en mis estrellas del firmamento, no sé si deba felicitarte ese veinte de noviembre o pasar de largo esperando que esperes que yo deba esperar y entonces felicitarte para que te des cuenta que siempre te he esperado, que no pasa un minuto en el día, un solo chirriar de la nocturna madrugada, un espasmo de aire en mis pulmones o un momento en la manecilla del reloj en mi muñeca, en que no te dedique un anhelo, en que no piense qué será de tu mundo, si alguna vez piensas en mi y en mis desenfrenos; en recordarte cual majestuosa e implorar por tu pronta palabra, aunque sea lejana, aunque sea queda pero que salga del alma...
Hoy es veinte de octubre ¿qué hacer el veinte del siguiente, cuando tengo todo por hacer y nada que tu puedas ver?
Héctor Eduardo.
Friday, September 01, 2017
Mar Abierto...
Se ha derretido la goma de las zuelas de mis zapatos, estamos rondando los cuarenta grados; el calor atraviesa cada poro humedecido de mi piel, mis índices de electrolitos a punto de sucumbir, y mis labios lucen blancos de tanto allanar al polvo que hay por doquier... Comparado con esto, sumergirme en el mar de tus recuerdos me da vida en medio de la nada, empapa de emociones al frío de esta primavera de verano, cubre de magia transpirar cada uno de tus vellos erizados de la emoción y la excitación cuando los besos aquella vez, y de oxígeno puro con el agetreado respirar de tus pechos, siendo abrazados al compás de mis labios y tu deseos... Vivo en un mar abierto, rondando miles de posibilidades de volverte a mi, de interrumpir la felicidad que crees vivida, pero olvidando que conmigo amaste con intensidad y pasión, con cuerpo y alma, con lujuria desmedida, pero atada a quien siempre te verá como la princesa en este cuento de hadas terminado hace más de muchas semanas.
Héctor Eduardo.
Héctor Eduardo.
Thursday, July 13, 2017
Pensar En Ti...
Pensar en ti... En verano, en invierno o primavera, da lo mismo, estoy pensando en ti, ni la eternidad es suficiente tiempo para dejar de pensar en ti, en recordar tu figura de mujer hermosa, con alma de niña y sonrisa pícara y provocadora, un cóctel de tentaciones, un aperitivo a la felicidad y un postre a la vida... Pensar en ti, oh si, pensar en ti, como pienso en este preciso momento en ti... Mi tan pausada y oleada Mar.
Así, hasta morir, me encanta amarte así, sin palpitar, sin dudar y sin cuestionar, amarte en cada pensamiento que tengo en ti, pensando en tus pensamientos, en tus ilusiones y en tus sueños, pensando que cuando te amo, doy formas al viento, doy oxígeno a mis pensamientos y construyo castillos de hielo... Pensar en ti es una angustia que gusta, es hacer lo mismo, siempre, improvisando cada momento que da una rutina cíclica, que nos envuelve en la felicidad de estar triste, en el día a día de estar dormido, sumergido aun en tus pechos, en tus pequeños, pero hermosos pechos, como de porcelana, como de cuarzo y diamante, retadores y apetecibles, voraces y seductores... Pensar en ti y en tus pechos me vuelve loco, me calma en la coherencia de una locura, me transporta al presente y al pasado... Pensar en ti... En ti.
Es un placer pensarte, que vivas a mi lado, inmaterial pero con vida, silenciosa pero con la fiesta de tu alegría, como desvelo por la mañana, como calma por la noche; como un estornudo de paz y armonía, como un consuelo sin sosiego... Pensar en ti es no tener visión, pero no estar ciego, es escucharte hablar cada mañana, pensar en ti es un absurdo, es un matiz que da lo incierto... Pensar en ti es la embajada de tus rasgos en mi cerebro, es también haberte odiado algunas veces, pensar en ti es la antesala a mi cielo, sin siquiera sepas que aun existo, pensar en ti es lo que me queda de un recuerdo, para vivir... contigo; cuando aun no estés conmigo... Mar.
Héctor Eduardo.
Así, hasta morir, me encanta amarte así, sin palpitar, sin dudar y sin cuestionar, amarte en cada pensamiento que tengo en ti, pensando en tus pensamientos, en tus ilusiones y en tus sueños, pensando que cuando te amo, doy formas al viento, doy oxígeno a mis pensamientos y construyo castillos de hielo... Pensar en ti es una angustia que gusta, es hacer lo mismo, siempre, improvisando cada momento que da una rutina cíclica, que nos envuelve en la felicidad de estar triste, en el día a día de estar dormido, sumergido aun en tus pechos, en tus pequeños, pero hermosos pechos, como de porcelana, como de cuarzo y diamante, retadores y apetecibles, voraces y seductores... Pensar en ti y en tus pechos me vuelve loco, me calma en la coherencia de una locura, me transporta al presente y al pasado... Pensar en ti... En ti.
Es un placer pensarte, que vivas a mi lado, inmaterial pero con vida, silenciosa pero con la fiesta de tu alegría, como desvelo por la mañana, como calma por la noche; como un estornudo de paz y armonía, como un consuelo sin sosiego... Pensar en ti es no tener visión, pero no estar ciego, es escucharte hablar cada mañana, pensar en ti es un absurdo, es un matiz que da lo incierto... Pensar en ti es la embajada de tus rasgos en mi cerebro, es también haberte odiado algunas veces, pensar en ti es la antesala a mi cielo, sin siquiera sepas que aun existo, pensar en ti es lo que me queda de un recuerdo, para vivir... contigo; cuando aun no estés conmigo... Mar.
Héctor Eduardo.
Wednesday, June 28, 2017
Síndrome de Abstinencia...
Los píes me tiemblan, tengo mucho frío y no puedo dejar de alucinarla... Esta jaqueca crónica que se siente en mi pecho, explaya la crisis de identidad y de sosiego que vivo sufriendo desde su adiós, sin siquiera escucharle un "te quiero", me quedé con la lacena vacía de recuerdos y el botiquín expuesto sin remedios, solo la agonía de vivir de aquella noche, todas las noches.
El sudor que recorre mi cuello, expulsa el rastro de sus besos, el temblor que mis manos sienten es por la ausencia de rozar sus cabellos, y las interrupciones a mis sueños, producto de recordar que no la tengo... Estoy en rehabilitación por dejarla, estoy en negación por ya no mirarla, como en aquellas mañanas, como en aquellas tardes cuando se marchaba, pensativa y contenta, permisiva y compasiva, cual endorfina a mi vida, como un Valium a las tristezas o adrenalina a mi parca existencia... Muero la vida de una abstención, de un freno compulso de buscarle y no le busco, de ir corriendo a la glorieta y gritarle cuanto la quiero, y cuánto la querré, pero gritarle estando mudo, sin palabras ya que no me sobra el aliento, de mostrarle mis cicatrices secas, pues este malestar me ha pegado duro, pensando en cada una de sus pecas, en cada uno de sus rasgos que la hacen ella, que la forjan cual princesa en mi cuento, cual narcótico que en realidad no es mas que un placebo, pues aun continúo en medio de ese surco que son sus ojos, sus gafas y sus besos... No, no me engaño, este síndrome de abstinencia, no es otra cosa, que esperar que la terapia termine, para volver a diluirme en mis sueños, y tenerla para siempre y por entero, hasta que pase de nueva cuenta el efecto.
Héctor Eduardo.
El sudor que recorre mi cuello, expulsa el rastro de sus besos, el temblor que mis manos sienten es por la ausencia de rozar sus cabellos, y las interrupciones a mis sueños, producto de recordar que no la tengo... Estoy en rehabilitación por dejarla, estoy en negación por ya no mirarla, como en aquellas mañanas, como en aquellas tardes cuando se marchaba, pensativa y contenta, permisiva y compasiva, cual endorfina a mi vida, como un Valium a las tristezas o adrenalina a mi parca existencia... Muero la vida de una abstención, de un freno compulso de buscarle y no le busco, de ir corriendo a la glorieta y gritarle cuanto la quiero, y cuánto la querré, pero gritarle estando mudo, sin palabras ya que no me sobra el aliento, de mostrarle mis cicatrices secas, pues este malestar me ha pegado duro, pensando en cada una de sus pecas, en cada uno de sus rasgos que la hacen ella, que la forjan cual princesa en mi cuento, cual narcótico que en realidad no es mas que un placebo, pues aun continúo en medio de ese surco que son sus ojos, sus gafas y sus besos... No, no me engaño, este síndrome de abstinencia, no es otra cosa, que esperar que la terapia termine, para volver a diluirme en mis sueños, y tenerla para siempre y por entero, hasta que pase de nueva cuenta el efecto.
Héctor Eduardo.
Monday, June 26, 2017
A Diecisiete Meses Desde tu Partida. (Post Data)
... Comienzo mi historia con suspensivos que delatan el atropello del tiempo a tu recuerdo. Eres cual estrella fugaz en mi vida; efímera y abundante, brillante e incandescente, única e irreemplazable...
Han pasado, no sé, diecisiete meses desde tu partida, desde aquel enero ocho cuando la pluma del reloj marcaba las catorce, en la esquina de tu hogar, nos despedimos, con un sólido abrazo, pero con mi corazón herido y el buche lleno de palabras por decir; quedándonos, tú con una bufanda con mi entonces fragancia y yo con una carta de tu puño y letra a medio escribir. Coincidí con la vida que debimos darnos el tiempo y la dilatada distancia que jamás ha cesado; comprendí que estás en el punto culminante de tus sueños y si estoy en ellos soy la pesadilla que los rasga, dejando jirones embelesados de pena, perjurio de incertidumbre y enredos, como espaguetti entramando malas maneras. Me percaté que lo que siento en el pecho es para toda la vida, y que toda la vida no es nada si no te tengo aquí en mi pecho. Y hoy, a diecisiete meses después, desde aquel enero ocho cuando en la esquina de tu hogar nos despedimos, me doy cuenta que fue exactamente en ese momento, por las dos de la tarde, con el día seminublado, el acarreo de los coches andando y el bullicio de la vida cristalizado en el asfalto, me doy cuenta, que en ese instante, fue justamente cuando nos conocimos...
Porque cambiaste la historia de mi vida, mi tiempo, mi ritmo y mi todo, porque dejé el protagónico de esta fábula de novela vieja y me convertí al antagónico y estridéntico folclor de mis emociones que son todas para ti; que he bajado la barriga y que ya no sigo mis pasos, sino los utópicos andares por donde quizás tú transites, dichosa y plena, convencida de mi lejanía, apegada al tiempo que marcaste fuera de nuestras vidas. Nos conocimos a la distancia y sin vernos, aprendí a amarte en veneración y suspenso, en credo y arrepentimiento, con la dosis justa de la morfina de tu sonrisa y con la inyección de ánimo que me da saberte viva. Te conocí como conozco al viento, como conozco la estación de radio que dejaste sonando en el estéreo, como tu predilección por los dramas de Otello, y por saber que no es conmigo con quien disfrutas un beso.
En ese mágico momento, el de nuestra despedida, comenzó la cuenta regresiva, inició el clic clac del reloj que nos apunta un día a volver nuestra mirada al alma y juntar nuestra vida, que a pesar de no verte, te veo, que a pesar de no oírte, te escucho y al cabo de las tres en adelante, todos los días, siempre te pienso, siempre te sonrío y comienzo mi algarabía dedicada a ti y a tus recuerdos; figurando que te hago el amor como nunca lo hicimos, te obsequio por completo la eternidad en un menú de caricias y besos, te enseño mi corazón al descubierto, y te concedo todos tus deseos.
... He cambiado de empleo, he cambiado de vicios etéreos, he diseñado mi vida a esperarte por entero, a jugarle al adivino gurú, y restaurar a la felicidad como inquilina y anfitriona en la fiesta de tu llegada, versando epopeyas de rimas que conjuguen tus nombres y remembran la fiesta de mi boca cuando besaba tus labios, tersos como almohadillas y suculentos como uvas tan exquisitas, como cuando acariciaba tus hermosas piernas, en una escena robada de mis fantasías, en un latifundio de pasajeras vivencias eternas, de palpo divino y lujuria perversa, cielo en cama, cama y suelo... He hilado tu listón rojo del meñique a mi esencia y si antes no le encontraba sentido a tus dilemas, hoy los siento profundos e indelebles al tiempo, que me tiñe de plateado las sienes y de arrugas mis letras...
Ya pausando mi verborrea incontinente, te ofrendo entera mi alegría, te entrego en un manojo mi fe y recaudo para la veda un poco del aliento que me da saber que un día te besé... A diecisiete meses desde tu partida, desde aquel ocho de enero, cuando el reloj dio la hora de irse a casa y terminar, no he vivido un segundo sin este pesar, y no ha pasado un segundo a pesar, pues aun estoy al lado del coche esperando por ti, y soñando que un día vas a regresar...
Héctor Eduardo.
... He cambiado de empleo, he cambiado de vicios etéreos, he diseñado mi vida a esperarte por entero, a jugarle al adivino gurú, y restaurar a la felicidad como inquilina y anfitriona en la fiesta de tu llegada, versando epopeyas de rimas que conjuguen tus nombres y remembran la fiesta de mi boca cuando besaba tus labios, tersos como almohadillas y suculentos como uvas tan exquisitas, como cuando acariciaba tus hermosas piernas, en una escena robada de mis fantasías, en un latifundio de pasajeras vivencias eternas, de palpo divino y lujuria perversa, cielo en cama, cama y suelo... He hilado tu listón rojo del meñique a mi esencia y si antes no le encontraba sentido a tus dilemas, hoy los siento profundos e indelebles al tiempo, que me tiñe de plateado las sienes y de arrugas mis letras...
Ya pausando mi verborrea incontinente, te ofrendo entera mi alegría, te entrego en un manojo mi fe y recaudo para la veda un poco del aliento que me da saber que un día te besé... A diecisiete meses desde tu partida, desde aquel ocho de enero, cuando el reloj dio la hora de irse a casa y terminar, no he vivido un segundo sin este pesar, y no ha pasado un segundo a pesar, pues aun estoy al lado del coche esperando por ti, y soñando que un día vas a regresar...
Héctor Eduardo.
Friday, June 23, 2017
Y los Meses Pasan
Volviste a ser protagonista en mi madrugada, vivimos toda una travesía y una aventura; vencimos adversidades y nos encontramos y mutuamente nos enamoramos, coincidimos la frecuencia de nuestros corazones, y empalmamos nuestras almas en un solo amor, el nuestro... En fin, solo fue sueño, pero no desfallezco, fue tan vivido, tan real y sentido que aun palpo cómo acariciaba tus piernas, como cuando aquella vez, cómo percibí tu fragancia, como aun percibo tu aroma y tu olor a azucena por la mañana, tu perfume virginal de princesa y tu brisa refrescante como océano de misterios, como Mar de mis calmas.
Han pasado muchos meses Mar, ya no distingo los días que son noches sin ti, y las noches que amanecen con tu recuerdo. Cada vez diluyo más el timbre de tu voz, con aquellas palabras emanadas de entre tus tersos labios, cuando nos despedimos, cuando nos encontramos entre millas de distancia.
Sé que pronto volverás a mis brazos, las puertas de mi amor siguen abiertas, el corazón perdura enamorado de tu dulce y omniosa persona, del suculento néctar que segregan tus besos, de la sensual bondad de tus pechos, de todas las palabras que me pronunciaste y de tu agitado respirar cuando me amaste.
Héctor Eduardo.
Han pasado muchos meses Mar, ya no distingo los días que son noches sin ti, y las noches que amanecen con tu recuerdo. Cada vez diluyo más el timbre de tu voz, con aquellas palabras emanadas de entre tus tersos labios, cuando nos despedimos, cuando nos encontramos entre millas de distancia.
Sé que pronto volverás a mis brazos, las puertas de mi amor siguen abiertas, el corazón perdura enamorado de tu dulce y omniosa persona, del suculento néctar que segregan tus besos, de la sensual bondad de tus pechos, de todas las palabras que me pronunciaste y de tu agitado respirar cuando me amaste.
Héctor Eduardo.
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