Se ha derretido la goma de las zuelas de mis zapatos, estamos rondando los cuarenta grados; el calor atraviesa cada poro humedecido de mi piel, mis índices de electrolitos a punto de sucumbir, y mis labios lucen blancos de tanto allanar al polvo que hay por doquier... Comparado con esto, sumergirme en el mar de tus recuerdos me da vida en medio de la nada, empapa de emociones al frío de esta primavera de verano, cubre de magia transpirar cada uno de tus vellos erizados de la emoción y la excitación cuando los besos aquella vez, y de oxígeno puro con el agetreado respirar de tus pechos, siendo abrazados al compás de mis labios y tu deseos... Vivo en un mar abierto, rondando miles de posibilidades de volverte a mi, de interrumpir la felicidad que crees vivida, pero olvidando que conmigo amaste con intensidad y pasión, con cuerpo y alma, con lujuria desmedida, pero atada a quien siempre te verá como la princesa en este cuento de hadas terminado hace más de muchas semanas.
Héctor Eduardo.
Friday, September 01, 2017
Thursday, July 13, 2017
Pensar En Ti...
Pensar en ti... En verano, en invierno o primavera, da lo mismo, estoy pensando en ti, ni la eternidad es suficiente tiempo para dejar de pensar en ti, en recordar tu figura de mujer hermosa, con alma de niña y sonrisa pícara y provocadora, un cóctel de tentaciones, un aperitivo a la felicidad y un postre a la vida... Pensar en ti, oh si, pensar en ti, como pienso en este preciso momento en ti... Mi tan pausada y oleada Mar.
Así, hasta morir, me encanta amarte así, sin palpitar, sin dudar y sin cuestionar, amarte en cada pensamiento que tengo en ti, pensando en tus pensamientos, en tus ilusiones y en tus sueños, pensando que cuando te amo, doy formas al viento, doy oxígeno a mis pensamientos y construyo castillos de hielo... Pensar en ti es una angustia que gusta, es hacer lo mismo, siempre, improvisando cada momento que da una rutina cíclica, que nos envuelve en la felicidad de estar triste, en el día a día de estar dormido, sumergido aun en tus pechos, en tus pequeños, pero hermosos pechos, como de porcelana, como de cuarzo y diamante, retadores y apetecibles, voraces y seductores... Pensar en ti y en tus pechos me vuelve loco, me calma en la coherencia de una locura, me transporta al presente y al pasado... Pensar en ti... En ti.
Es un placer pensarte, que vivas a mi lado, inmaterial pero con vida, silenciosa pero con la fiesta de tu alegría, como desvelo por la mañana, como calma por la noche; como un estornudo de paz y armonía, como un consuelo sin sosiego... Pensar en ti es no tener visión, pero no estar ciego, es escucharte hablar cada mañana, pensar en ti es un absurdo, es un matiz que da lo incierto... Pensar en ti es la embajada de tus rasgos en mi cerebro, es también haberte odiado algunas veces, pensar en ti es la antesala a mi cielo, sin siquiera sepas que aun existo, pensar en ti es lo que me queda de un recuerdo, para vivir... contigo; cuando aun no estés conmigo... Mar.
Héctor Eduardo.
Así, hasta morir, me encanta amarte así, sin palpitar, sin dudar y sin cuestionar, amarte en cada pensamiento que tengo en ti, pensando en tus pensamientos, en tus ilusiones y en tus sueños, pensando que cuando te amo, doy formas al viento, doy oxígeno a mis pensamientos y construyo castillos de hielo... Pensar en ti es una angustia que gusta, es hacer lo mismo, siempre, improvisando cada momento que da una rutina cíclica, que nos envuelve en la felicidad de estar triste, en el día a día de estar dormido, sumergido aun en tus pechos, en tus pequeños, pero hermosos pechos, como de porcelana, como de cuarzo y diamante, retadores y apetecibles, voraces y seductores... Pensar en ti y en tus pechos me vuelve loco, me calma en la coherencia de una locura, me transporta al presente y al pasado... Pensar en ti... En ti.
Es un placer pensarte, que vivas a mi lado, inmaterial pero con vida, silenciosa pero con la fiesta de tu alegría, como desvelo por la mañana, como calma por la noche; como un estornudo de paz y armonía, como un consuelo sin sosiego... Pensar en ti es no tener visión, pero no estar ciego, es escucharte hablar cada mañana, pensar en ti es un absurdo, es un matiz que da lo incierto... Pensar en ti es la embajada de tus rasgos en mi cerebro, es también haberte odiado algunas veces, pensar en ti es la antesala a mi cielo, sin siquiera sepas que aun existo, pensar en ti es lo que me queda de un recuerdo, para vivir... contigo; cuando aun no estés conmigo... Mar.
Héctor Eduardo.
Wednesday, June 28, 2017
Síndrome de Abstinencia...
Los píes me tiemblan, tengo mucho frío y no puedo dejar de alucinarla... Esta jaqueca crónica que se siente en mi pecho, explaya la crisis de identidad y de sosiego que vivo sufriendo desde su adiós, sin siquiera escucharle un "te quiero", me quedé con la lacena vacía de recuerdos y el botiquín expuesto sin remedios, solo la agonía de vivir de aquella noche, todas las noches.
El sudor que recorre mi cuello, expulsa el rastro de sus besos, el temblor que mis manos sienten es por la ausencia de rozar sus cabellos, y las interrupciones a mis sueños, producto de recordar que no la tengo... Estoy en rehabilitación por dejarla, estoy en negación por ya no mirarla, como en aquellas mañanas, como en aquellas tardes cuando se marchaba, pensativa y contenta, permisiva y compasiva, cual endorfina a mi vida, como un Valium a las tristezas o adrenalina a mi parca existencia... Muero la vida de una abstención, de un freno compulso de buscarle y no le busco, de ir corriendo a la glorieta y gritarle cuanto la quiero, y cuánto la querré, pero gritarle estando mudo, sin palabras ya que no me sobra el aliento, de mostrarle mis cicatrices secas, pues este malestar me ha pegado duro, pensando en cada una de sus pecas, en cada uno de sus rasgos que la hacen ella, que la forjan cual princesa en mi cuento, cual narcótico que en realidad no es mas que un placebo, pues aun continúo en medio de ese surco que son sus ojos, sus gafas y sus besos... No, no me engaño, este síndrome de abstinencia, no es otra cosa, que esperar que la terapia termine, para volver a diluirme en mis sueños, y tenerla para siempre y por entero, hasta que pase de nueva cuenta el efecto.
Héctor Eduardo.
El sudor que recorre mi cuello, expulsa el rastro de sus besos, el temblor que mis manos sienten es por la ausencia de rozar sus cabellos, y las interrupciones a mis sueños, producto de recordar que no la tengo... Estoy en rehabilitación por dejarla, estoy en negación por ya no mirarla, como en aquellas mañanas, como en aquellas tardes cuando se marchaba, pensativa y contenta, permisiva y compasiva, cual endorfina a mi vida, como un Valium a las tristezas o adrenalina a mi parca existencia... Muero la vida de una abstención, de un freno compulso de buscarle y no le busco, de ir corriendo a la glorieta y gritarle cuanto la quiero, y cuánto la querré, pero gritarle estando mudo, sin palabras ya que no me sobra el aliento, de mostrarle mis cicatrices secas, pues este malestar me ha pegado duro, pensando en cada una de sus pecas, en cada uno de sus rasgos que la hacen ella, que la forjan cual princesa en mi cuento, cual narcótico que en realidad no es mas que un placebo, pues aun continúo en medio de ese surco que son sus ojos, sus gafas y sus besos... No, no me engaño, este síndrome de abstinencia, no es otra cosa, que esperar que la terapia termine, para volver a diluirme en mis sueños, y tenerla para siempre y por entero, hasta que pase de nueva cuenta el efecto.
Héctor Eduardo.
Monday, June 26, 2017
A Diecisiete Meses Desde tu Partida. (Post Data)
... Comienzo mi historia con suspensivos que delatan el atropello del tiempo a tu recuerdo. Eres cual estrella fugaz en mi vida; efímera y abundante, brillante e incandescente, única e irreemplazable...
Han pasado, no sé, diecisiete meses desde tu partida, desde aquel enero ocho cuando la pluma del reloj marcaba las catorce, en la esquina de tu hogar, nos despedimos, con un sólido abrazo, pero con mi corazón herido y el buche lleno de palabras por decir; quedándonos, tú con una bufanda con mi entonces fragancia y yo con una carta de tu puño y letra a medio escribir. Coincidí con la vida que debimos darnos el tiempo y la dilatada distancia que jamás ha cesado; comprendí que estás en el punto culminante de tus sueños y si estoy en ellos soy la pesadilla que los rasga, dejando jirones embelesados de pena, perjurio de incertidumbre y enredos, como espaguetti entramando malas maneras. Me percaté que lo que siento en el pecho es para toda la vida, y que toda la vida no es nada si no te tengo aquí en mi pecho. Y hoy, a diecisiete meses después, desde aquel enero ocho cuando en la esquina de tu hogar nos despedimos, me doy cuenta que fue exactamente en ese momento, por las dos de la tarde, con el día seminublado, el acarreo de los coches andando y el bullicio de la vida cristalizado en el asfalto, me doy cuenta, que en ese instante, fue justamente cuando nos conocimos...
Porque cambiaste la historia de mi vida, mi tiempo, mi ritmo y mi todo, porque dejé el protagónico de esta fábula de novela vieja y me convertí al antagónico y estridéntico folclor de mis emociones que son todas para ti; que he bajado la barriga y que ya no sigo mis pasos, sino los utópicos andares por donde quizás tú transites, dichosa y plena, convencida de mi lejanía, apegada al tiempo que marcaste fuera de nuestras vidas. Nos conocimos a la distancia y sin vernos, aprendí a amarte en veneración y suspenso, en credo y arrepentimiento, con la dosis justa de la morfina de tu sonrisa y con la inyección de ánimo que me da saberte viva. Te conocí como conozco al viento, como conozco la estación de radio que dejaste sonando en el estéreo, como tu predilección por los dramas de Otello, y por saber que no es conmigo con quien disfrutas un beso.
En ese mágico momento, el de nuestra despedida, comenzó la cuenta regresiva, inició el clic clac del reloj que nos apunta un día a volver nuestra mirada al alma y juntar nuestra vida, que a pesar de no verte, te veo, que a pesar de no oírte, te escucho y al cabo de las tres en adelante, todos los días, siempre te pienso, siempre te sonrío y comienzo mi algarabía dedicada a ti y a tus recuerdos; figurando que te hago el amor como nunca lo hicimos, te obsequio por completo la eternidad en un menú de caricias y besos, te enseño mi corazón al descubierto, y te concedo todos tus deseos.
... He cambiado de empleo, he cambiado de vicios etéreos, he diseñado mi vida a esperarte por entero, a jugarle al adivino gurú, y restaurar a la felicidad como inquilina y anfitriona en la fiesta de tu llegada, versando epopeyas de rimas que conjuguen tus nombres y remembran la fiesta de mi boca cuando besaba tus labios, tersos como almohadillas y suculentos como uvas tan exquisitas, como cuando acariciaba tus hermosas piernas, en una escena robada de mis fantasías, en un latifundio de pasajeras vivencias eternas, de palpo divino y lujuria perversa, cielo en cama, cama y suelo... He hilado tu listón rojo del meñique a mi esencia y si antes no le encontraba sentido a tus dilemas, hoy los siento profundos e indelebles al tiempo, que me tiñe de plateado las sienes y de arrugas mis letras...
Ya pausando mi verborrea incontinente, te ofrendo entera mi alegría, te entrego en un manojo mi fe y recaudo para la veda un poco del aliento que me da saber que un día te besé... A diecisiete meses desde tu partida, desde aquel ocho de enero, cuando el reloj dio la hora de irse a casa y terminar, no he vivido un segundo sin este pesar, y no ha pasado un segundo a pesar, pues aun estoy al lado del coche esperando por ti, y soñando que un día vas a regresar...
Héctor Eduardo.
... He cambiado de empleo, he cambiado de vicios etéreos, he diseñado mi vida a esperarte por entero, a jugarle al adivino gurú, y restaurar a la felicidad como inquilina y anfitriona en la fiesta de tu llegada, versando epopeyas de rimas que conjuguen tus nombres y remembran la fiesta de mi boca cuando besaba tus labios, tersos como almohadillas y suculentos como uvas tan exquisitas, como cuando acariciaba tus hermosas piernas, en una escena robada de mis fantasías, en un latifundio de pasajeras vivencias eternas, de palpo divino y lujuria perversa, cielo en cama, cama y suelo... He hilado tu listón rojo del meñique a mi esencia y si antes no le encontraba sentido a tus dilemas, hoy los siento profundos e indelebles al tiempo, que me tiñe de plateado las sienes y de arrugas mis letras...
Ya pausando mi verborrea incontinente, te ofrendo entera mi alegría, te entrego en un manojo mi fe y recaudo para la veda un poco del aliento que me da saber que un día te besé... A diecisiete meses desde tu partida, desde aquel ocho de enero, cuando el reloj dio la hora de irse a casa y terminar, no he vivido un segundo sin este pesar, y no ha pasado un segundo a pesar, pues aun estoy al lado del coche esperando por ti, y soñando que un día vas a regresar...
Héctor Eduardo.
Friday, June 23, 2017
Y los Meses Pasan
Volviste a ser protagonista en mi madrugada, vivimos toda una travesía y una aventura; vencimos adversidades y nos encontramos y mutuamente nos enamoramos, coincidimos la frecuencia de nuestros corazones, y empalmamos nuestras almas en un solo amor, el nuestro... En fin, solo fue sueño, pero no desfallezco, fue tan vivido, tan real y sentido que aun palpo cómo acariciaba tus piernas, como cuando aquella vez, cómo percibí tu fragancia, como aun percibo tu aroma y tu olor a azucena por la mañana, tu perfume virginal de princesa y tu brisa refrescante como océano de misterios, como Mar de mis calmas.
Han pasado muchos meses Mar, ya no distingo los días que son noches sin ti, y las noches que amanecen con tu recuerdo. Cada vez diluyo más el timbre de tu voz, con aquellas palabras emanadas de entre tus tersos labios, cuando nos despedimos, cuando nos encontramos entre millas de distancia.
Sé que pronto volverás a mis brazos, las puertas de mi amor siguen abiertas, el corazón perdura enamorado de tu dulce y omniosa persona, del suculento néctar que segregan tus besos, de la sensual bondad de tus pechos, de todas las palabras que me pronunciaste y de tu agitado respirar cuando me amaste.
Héctor Eduardo.
Han pasado muchos meses Mar, ya no distingo los días que son noches sin ti, y las noches que amanecen con tu recuerdo. Cada vez diluyo más el timbre de tu voz, con aquellas palabras emanadas de entre tus tersos labios, cuando nos despedimos, cuando nos encontramos entre millas de distancia.
Sé que pronto volverás a mis brazos, las puertas de mi amor siguen abiertas, el corazón perdura enamorado de tu dulce y omniosa persona, del suculento néctar que segregan tus besos, de la sensual bondad de tus pechos, de todas las palabras que me pronunciaste y de tu agitado respirar cuando me amaste.
Héctor Eduardo.
Friday, June 16, 2017
Es Tan Corto el Amor...
Cuando coincido con la coincidencia del recuerdo de tu rostro, es cuando fraguo mis mejores odas, todas ellas con tus nombres y apellidos, como cascadas en medio de un arroyo, como refrescante rocío en medio de la mañana... Siendo sincero, tengo reservado un velero, calculando un viaje a tu regreso, para robarme tan solo un fragmento de tu sonrisa, esa que aun guardé en mi mochila, junto a los caracoles y las deshilachadas letras que comenzaste a puño y letra, y que jamás terminaste.
Concuerdo con la premisa, de no olvidar olvidarte, sin embargo, es natural que la desmemoria nos posea, pero el sentimiento perdura, como aquella letanía de Neruda en su Poema XX, como aquel fragmento en nuestras compungidas travesías, como aquellas tardes por la avenida, como aquellos besos, como cuando alguna vez conmigo te tenía.
Surcarán mis noches por las playas de tus tristezas, ¿pensarás cuando seas feliz en mis tristezas?, siempre cruzaremos el hilo rojo de nuestro camino, vertiéremos ideas con la fragancia de nuestras caricias, con las marcas de tus finas manos, y con lo dulce de tus tersos labios... Siempre estás en mis pensamientos, siempre concedo tiempo a tu dulzura, a revivir cada minuto de aquellos segundos en la habitación de la noche del veintidós, y en verdad que la sentencia de Neruda es tan cierta y tan profética, tan condenatoria como exculposa, tan llena de verídica predicción que es un placer sufrirla y gozarla en su agonía, como señal inequívoca de que alguna vez tuve vida, de que alguna vez te quise y ya no te quiero, pero te quiero y nunca querré no quererte, te quiero y quiero no querer ya quererte, pero más te quiero aunque olvide no recordarte y entonces te quiera más... Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Héctor Eduardo.
Concuerdo con la premisa, de no olvidar olvidarte, sin embargo, es natural que la desmemoria nos posea, pero el sentimiento perdura, como aquella letanía de Neruda en su Poema XX, como aquel fragmento en nuestras compungidas travesías, como aquellas tardes por la avenida, como aquellos besos, como cuando alguna vez conmigo te tenía.
Surcarán mis noches por las playas de tus tristezas, ¿pensarás cuando seas feliz en mis tristezas?, siempre cruzaremos el hilo rojo de nuestro camino, vertiéremos ideas con la fragancia de nuestras caricias, con las marcas de tus finas manos, y con lo dulce de tus tersos labios... Siempre estás en mis pensamientos, siempre concedo tiempo a tu dulzura, a revivir cada minuto de aquellos segundos en la habitación de la noche del veintidós, y en verdad que la sentencia de Neruda es tan cierta y tan profética, tan condenatoria como exculposa, tan llena de verídica predicción que es un placer sufrirla y gozarla en su agonía, como señal inequívoca de que alguna vez tuve vida, de que alguna vez te quise y ya no te quiero, pero te quiero y nunca querré no quererte, te quiero y quiero no querer ya quererte, pero más te quiero aunque olvide no recordarte y entonces te quiera más... Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Héctor Eduardo.
Monday, June 12, 2017
Lo Mejor de mi Vida.
Quisiera poder alcanzarte, como alguna vez, pero esta vez, no dejaría que te desvanezcas en el tiempo, sino todo lo contrario, conciliaría mi vida a tu vida, y a pesar de las enormes diferencias, serías mi cielo y mi Mar, mi presente y mi futuro... Sueños abstractos, sueños imprevistos de realidad atroz, de soledad, de tus manos, de tus besos y de tu hermoso mirar.
Te echo mucho de menos mi Mar, te anhelo por las mañanas, te recuerdo por las tardes y te añoro por las noches; antes de dormir, antes de diluir la realidad en una tibia taza de té, como néctar en la bebida, como cordel sin cometa, así de lejano, así de extensa es mi distancia de tu cercanía, es mi cielo de tu estrella, es mi vida... de tu vida.
Alguna vez volveremos a coincidir, de ello estoy plenamente convencido, y cuando así sea, estaré listo para darte el lugar que te corresponde en mi fiesta llamada vida, en mi historia dentro de tu libreta, en el diario de tus historias, ser siempre el contenido de tu vasija, la argolla en tu anular... Te sigo amando, a pesar de tanto tiempo sucedido, desde aquel veintidós de diciembre de hace dos años, a cuando escribo la presente odisea, tanto o más que antes de conocerte, lo mejor de mi vida eres y has sido tú, mi Mar...
Héctor Eduardo
Te echo mucho de menos mi Mar, te anhelo por las mañanas, te recuerdo por las tardes y te añoro por las noches; antes de dormir, antes de diluir la realidad en una tibia taza de té, como néctar en la bebida, como cordel sin cometa, así de lejano, así de extensa es mi distancia de tu cercanía, es mi cielo de tu estrella, es mi vida... de tu vida.
Alguna vez volveremos a coincidir, de ello estoy plenamente convencido, y cuando así sea, estaré listo para darte el lugar que te corresponde en mi fiesta llamada vida, en mi historia dentro de tu libreta, en el diario de tus historias, ser siempre el contenido de tu vasija, la argolla en tu anular... Te sigo amando, a pesar de tanto tiempo sucedido, desde aquel veintidós de diciembre de hace dos años, a cuando escribo la presente odisea, tanto o más que antes de conocerte, lo mejor de mi vida eres y has sido tú, mi Mar...
Héctor Eduardo
Thursday, March 30, 2017
De Penas y Ciruelos.
Y estamos aquí, al igual que hace un tiempo... Preparándonos para terminar el álgido abrazo del invierno, para pasar a la pascua, sin más rutina que la rutina que no da para mas.
El viejo ciruelo ya dejó de existir, vive en su agonía propiciada por la mano del hombre, por el ego incansable del ser humano, enajenando límites a la naturaleza, entregando límites a lo natural... Y yo, risible de llanto, compaginando penas en el espejo cada que pienso en ella, en las millas de tiempo que han marchitado su recuerdo, en la franela que me recuerda lo terso de su cuello, lo húmedo de sus besos y el fuego de sus adentros.
Es una pena, una agonía que en medio de un olvido, solo en un delirio, a través de los afrodisiacos se beba un poco de mi, que se me pueda soportar así, y me convierta, ella, en persona, en espectro, en un viejo y quimérico recuerdo, como espejo roto, como un montón de laberintos entrañados en el olvido, así, bajo los enervantes de la bebida he sido avasallado, apaleado por el influjo, por la memoria... por la agonía.
El viejo ciruelo ya no existe, el viejo ciruelo siempre estará ahí, quien se ha marchado es mi recuerdo en tu mente, mi alma que se ha quedado en tu viejo morral...
Héctor Eduardo.
El viejo ciruelo ya dejó de existir, vive en su agonía propiciada por la mano del hombre, por el ego incansable del ser humano, enajenando límites a la naturaleza, entregando límites a lo natural... Y yo, risible de llanto, compaginando penas en el espejo cada que pienso en ella, en las millas de tiempo que han marchitado su recuerdo, en la franela que me recuerda lo terso de su cuello, lo húmedo de sus besos y el fuego de sus adentros.
Es una pena, una agonía que en medio de un olvido, solo en un delirio, a través de los afrodisiacos se beba un poco de mi, que se me pueda soportar así, y me convierta, ella, en persona, en espectro, en un viejo y quimérico recuerdo, como espejo roto, como un montón de laberintos entrañados en el olvido, así, bajo los enervantes de la bebida he sido avasallado, apaleado por el influjo, por la memoria... por la agonía.
El viejo ciruelo ya no existe, el viejo ciruelo siempre estará ahí, quien se ha marchado es mi recuerdo en tu mente, mi alma que se ha quedado en tu viejo morral...
Héctor Eduardo.
Saturday, February 11, 2017
Cuando Nunca mas Pude Amar.
Ya no estás aquí para leer estas letras rebuscadas, estos manojos de sentimientos convertidos en palabras, no, ya no estás aquí, y le escribo al viento, para que sople un poco del aroma de tu aliento; le escribo a la llovizna, para que brisee ese rocío tenue que moja mi espíritu cuando recuerdo tu calidez y yo pegado a tu almohada; le escribo al invierno de mis tempestades en calma, a los estruendosos alaridos del alma, que solo atinan a mantenerse quietos y en inmovilidad fingiendo una inacción, solo pasando desapercibidos del tumultuoso sentimiento; le escribo a quien no me lee y a quien no me recuerda cuando piensa un poco en mi, a quien recuerdo cuando nunca pienso en ti; le escribo al ruido que hacen mis coyunturas de las manos cuando aprisionan versos y los transforman en ensayos tristes de melancolía y recuerdo; le escribo a tu magnificencia y a tu emperatriz hermosura, a la finura de tus ojos y al contraste de tus pecas; le escribo al otoño que fragua en mi ayuno, una eterna primavera ¡Honor a tus recuerdos! Y le escribo esta oda a tu versatilidad de persona, a tu enjambre de sorpresas y a tus manos bellas, aquellas que nunca quise soltar, cuando nunca mas, pude amar...
Héctor Eduardo.
Héctor Eduardo.
Thursday, January 26, 2017
Marcha Diaria
A veces quisiera saber si me lees o tienes algún recuerdo mío guardado en alguno de tus abrigos, en el aroma y fragancia de nuestra bufanda o en las quimeras de recuerdos extraviados en el pasto de aquellas planicies... Luego caigo en cuenta que no fui nada para ti, solo el trago amargo de un vaso de licor, un altar de ingenuidad confeccionado a la medida de mis aspiraciones... Y entonces me resigno y sigo la marcha diaria, el duro y encallado caminar de mis días, en felicidad relativa, pero con la sensación de que dejé algo perdido, algo que no pude cerrar y del cual siento que aún respiro.
Héctor Eduardo
Héctor Eduardo
Sunday, November 20, 2016
Un Natalicio de Felicidad
Vuelvo a escribir, pero esta vez no es en esencia un monólogo nacido de la tristeza y melancolía, esta vez, escribo lleno de dicha, producto del arrebato de felicidad que me embarga, producto de saberte dichosa y feliz, porque hoy cumples años y eso es un motivo feliz.
Signado a un día de alcance popular, todo mundo comparte esa felicidad, unos encerrados en su dicha, yo, nadando en el Mar de tu llegada, de tu natalicio; es un cielo fecundado de esperanza y futuro, es un aviso de no estropear nuestras pasadas vivencias y tomar de ellas lo mejor, así logrando tu ascenso al cielo de la dicha y fecundando a quien te rodeé de eterna divinidad.
Es un día especial que comparto contigo, que aunque no me mires y no sientas mis emociones, sepas que te estoy entregando de obsequio todo el cariño recolectado en el mundo en solo una burbuja monosílaba que dicta sentencia expiatoria a la tristeza y se fermenta en alegría eterna que lleva tus nombres y desea de corazón pronto volverte a ver.
Felicidades Mar, felicidades desde el fondo de mi ser.
20 de noviembre de 2016.
Héctor Eduardo.
Signado a un día de alcance popular, todo mundo comparte esa felicidad, unos encerrados en su dicha, yo, nadando en el Mar de tu llegada, de tu natalicio; es un cielo fecundado de esperanza y futuro, es un aviso de no estropear nuestras pasadas vivencias y tomar de ellas lo mejor, así logrando tu ascenso al cielo de la dicha y fecundando a quien te rodeé de eterna divinidad.
Es un día especial que comparto contigo, que aunque no me mires y no sientas mis emociones, sepas que te estoy entregando de obsequio todo el cariño recolectado en el mundo en solo una burbuja monosílaba que dicta sentencia expiatoria a la tristeza y se fermenta en alegría eterna que lleva tus nombres y desea de corazón pronto volverte a ver.
Felicidades Mar, felicidades desde el fondo de mi ser.
20 de noviembre de 2016.
Héctor Eduardo.
Friday, October 28, 2016
El Último Segundo...
Han pasado muchos meses desde tu partida, muchos cambios han bañado mi mente, sin embargo tu mirar aún me tiene cautivo, aletargado en el tiempo, absorto en la eternidad del último segundo en que rocé la palma de tu mano y miré fijamente tus labios, intentando robarles ese beso que nunca les volví a entregar, con la arrepentida partida de tu sonrisa y reiterando mi deseo vano de que ese último segundo, se tradujera en una pausa eterna en nuestras vidas.
Cuántas cosas Mar, cuantas gotas de amor y convicción hemos devengado, tú; por la avenida de la felicidad, y yo en el llano de la soledad... Sin embargo, en tu felicidad me bautizo, en tu dicha yo respiro, diluyo la constipada neumonía de la tristeza y te venero cuanto igual o más que en la última mirada, mucho más aún, que en ese último suspiro.
Eres la mujer de las violetas, eres el ensayo de mi prosa y la rima de mi vida, la que siempre me sorprendió tras la puerta, la que siempre llevo en el velo de mis risas, en el furor de mis momentos de gloria y la bandera donde anuncio tu venida... Mar, me diste por obsequio en solo un mes, cien siglos de amor, cien vidas en eternidad y la promesa sigue vigente, que en algún punto donde me encuentre, por más que las gaviotas surquen los cielos y la brisa frote mi cara, que por más que el ocaso se asome por mi ventana anunciando que llega la noche, o los ciruelos retoñen y me entreguen sus frutos, por más vida me sobre y te sobre, y por más que ambos aparentemos, en algún punto y momento del día, todos los días, tengo un momento de ti, tengo un pensamiento para ti, me acuerdo de ti... Como diría Benedetti.
No he olvidado, olvidar olvidarte...
Héctor Eduardo.
Cuántas cosas Mar, cuantas gotas de amor y convicción hemos devengado, tú; por la avenida de la felicidad, y yo en el llano de la soledad... Sin embargo, en tu felicidad me bautizo, en tu dicha yo respiro, diluyo la constipada neumonía de la tristeza y te venero cuanto igual o más que en la última mirada, mucho más aún, que en ese último suspiro.
Eres la mujer de las violetas, eres el ensayo de mi prosa y la rima de mi vida, la que siempre me sorprendió tras la puerta, la que siempre llevo en el velo de mis risas, en el furor de mis momentos de gloria y la bandera donde anuncio tu venida... Mar, me diste por obsequio en solo un mes, cien siglos de amor, cien vidas en eternidad y la promesa sigue vigente, que en algún punto donde me encuentre, por más que las gaviotas surquen los cielos y la brisa frote mi cara, que por más que el ocaso se asome por mi ventana anunciando que llega la noche, o los ciruelos retoñen y me entreguen sus frutos, por más vida me sobre y te sobre, y por más que ambos aparentemos, en algún punto y momento del día, todos los días, tengo un momento de ti, tengo un pensamiento para ti, me acuerdo de ti... Como diría Benedetti.
No he olvidado, olvidar olvidarte...
Héctor Eduardo.
Thursday, September 08, 2016
Casi te Besé
Anoche te soñé, en el sueño platicamos un momento, discutimos, sonreímos, aclaramos cosas que nos causaban inquietudes, diferenciábamos la cercanía de tu mar y mi arena. Fue curioso, porque antes jamás habías aparecido de una manera tan magnánima, tan absoluta, como tejiendo un imperio entorno a mis sentimientos, como una causalidad hecha de casualidad, como un ciclón devorando mis soledades.
Nos entretuvimos sentados en la cómoda de la sala, de un momento a otro estuvimos en un sofá, si, mi viejo sofá, conversaste conmigo demostrando tu actual felicidad, denunciando que desde aquel ocho de enero, que mis ojos te perdieron, te has convertido en la mujer que siempre quisiste ser, en la persona que tanto anhelas ser y que tu felicidad es copiosa, comparada solamente con la felicidad de mis labios por volverte a rosar.
Entonces entendí que no estuvimos ni cerca de amarnos por igual, que mi amor por ti se desborda de madrugada y en las mañanas como ésta, en la que te escribo, me vuelvo de ti a enamorar, solo basta un recuerdo, una sonrisa divisada en mis memorias para ahogarme en el manto de tu amor, en la espesura de tus facciones de princesa, y en automático comienzan mis sentimientos a fluir, a emanar como agua de manantial, como una fuente que no agota su néctar, y el cáliz que lo envuelve y conserva, es el recipiente de tu grandeza.
Eres grande Mar, muy grande, tan enorme que en los confines de mi cerebro, de día, se esfuerza por no recordarte, por no agobiarse con los tentáculos de nuestro pasado, pero de noche, hago sabotaje de todas mis nobles intenciones, me hundo en el naufragio de mis pensamientos estando inconsciente, y entonces como en esta velada, te sueño...
Estando por concluir dicha charla, te pusiste de pie, mientras con tus esculturales manos tomabas las mías, sin soltarme me dijiste "ahora vuelvo", no quería que te fueras, intuí que la razón de tu partida es la salida del sol, mi marcha del mundo de los sueños; solo atiné a acercar mis labios a los tuyos y te quise besar, cuando para sorpresa mía, yo mismo desvié el beso, rosando la comisura de tus labios, probando solo un poco de ese par de labios que tanto amo, y que me producen nostalgia y melancolía, cuando entonces te dije "anda, todo estará bien"...
Desde el despertar todo marcha tranquilo, todo en su lugar, los canes en su alboroto matinal, los loros como siempre conviviendo en su mango, en espera de sus pequeños loritos que ya están próximos a llegar, y los felinos durmiendo como siempre en el tejado... Todo está bien, excepto que no me despedí bien de ti, no te retuve en mis manos, no me aferré a la miel de tu amor y casi te besé otra vez... Una y otra vez.
Héctor.
Nos entretuvimos sentados en la cómoda de la sala, de un momento a otro estuvimos en un sofá, si, mi viejo sofá, conversaste conmigo demostrando tu actual felicidad, denunciando que desde aquel ocho de enero, que mis ojos te perdieron, te has convertido en la mujer que siempre quisiste ser, en la persona que tanto anhelas ser y que tu felicidad es copiosa, comparada solamente con la felicidad de mis labios por volverte a rosar.
Entonces entendí que no estuvimos ni cerca de amarnos por igual, que mi amor por ti se desborda de madrugada y en las mañanas como ésta, en la que te escribo, me vuelvo de ti a enamorar, solo basta un recuerdo, una sonrisa divisada en mis memorias para ahogarme en el manto de tu amor, en la espesura de tus facciones de princesa, y en automático comienzan mis sentimientos a fluir, a emanar como agua de manantial, como una fuente que no agota su néctar, y el cáliz que lo envuelve y conserva, es el recipiente de tu grandeza.
Eres grande Mar, muy grande, tan enorme que en los confines de mi cerebro, de día, se esfuerza por no recordarte, por no agobiarse con los tentáculos de nuestro pasado, pero de noche, hago sabotaje de todas mis nobles intenciones, me hundo en el naufragio de mis pensamientos estando inconsciente, y entonces como en esta velada, te sueño...
Estando por concluir dicha charla, te pusiste de pie, mientras con tus esculturales manos tomabas las mías, sin soltarme me dijiste "ahora vuelvo", no quería que te fueras, intuí que la razón de tu partida es la salida del sol, mi marcha del mundo de los sueños; solo atiné a acercar mis labios a los tuyos y te quise besar, cuando para sorpresa mía, yo mismo desvié el beso, rosando la comisura de tus labios, probando solo un poco de ese par de labios que tanto amo, y que me producen nostalgia y melancolía, cuando entonces te dije "anda, todo estará bien"...
Desde el despertar todo marcha tranquilo, todo en su lugar, los canes en su alboroto matinal, los loros como siempre conviviendo en su mango, en espera de sus pequeños loritos que ya están próximos a llegar, y los felinos durmiendo como siempre en el tejado... Todo está bien, excepto que no me despedí bien de ti, no te retuve en mis manos, no me aferré a la miel de tu amor y casi te besé otra vez... Una y otra vez.
Héctor.
Monday, August 08, 2016
Verte Sonreír.
Netamente un aroma angelical... Esa es la fragancia que tengo guardada en el paladar después de degustarte en aquella noche, en aquella alocada excitación... Parecen que los días se han tornado años, como un crepúsculo sin fin, sin avance, sin que sigan las manecillas del reloj su curso natural, estancadas en la ruina de tu partida, en la colosal quimera de saberte y no saberte... De olvidarte a marchas forzadas, de recordarte como talento natural, como acto reflejo en cada respirar.
Sé que eres feliz sin mí, lo sé y yo debería de ser feliz por tu dicha, sin embargo, agonizo de caer en la cuenta que ya no tienes un segundo siquiera en tu corazón para pensar en mis recuerdos vetustos, en mis lánguidas sonrisas que alguna vez te hicieron sonreír... En la parcela de ilusiones que románticamente me forjé en un santiamén contigo y que hoy me percato, fueron solo humo... De pensar que en esta vida no tuvimos la coincidencia de coincidir en este cariño y que solamente me resta de propina sonreír, esperando la espera que no llega y no concluye, esperando el alba para que en su ocaso se extinga mi nostalgia y esta melancolía se desvanezca... Volviendo a verte sonreír.
Héctor.
Sé que eres feliz sin mí, lo sé y yo debería de ser feliz por tu dicha, sin embargo, agonizo de caer en la cuenta que ya no tienes un segundo siquiera en tu corazón para pensar en mis recuerdos vetustos, en mis lánguidas sonrisas que alguna vez te hicieron sonreír... En la parcela de ilusiones que románticamente me forjé en un santiamén contigo y que hoy me percato, fueron solo humo... De pensar que en esta vida no tuvimos la coincidencia de coincidir en este cariño y que solamente me resta de propina sonreír, esperando la espera que no llega y no concluye, esperando el alba para que en su ocaso se extinga mi nostalgia y esta melancolía se desvanezca... Volviendo a verte sonreír.
Héctor.
Friday, July 29, 2016
Soliloquio.
¿Qué hay de mi si no la vuelvo a ver? ¿Dónde quedará ella en medio de mi soledad? ¿Cuántas letras más derramaré en pos de una sola oración inspirada en una noche, de unas horas y un infinito para poder olvidar?
Derramaré vino y alcohol, construiré muros y en ese me excluiré de esta realidad sin su sonrisa de acuarela, sin sus ojos de princesa, sin sus labios de odisea, sin sus palabras sabias y sus delineadas formas de ninfa y hada.
Y seguiré esperándola, aunque no deba, y seguro estaré con una reserva de su amor, un poco de su incontable amor que me regaló para guardar en mi cava, en mi almacén de momentos lindos, de momentos felices... Esperando que un día vuelva a mi, para poderla amar, sin importar la distancia, ni el tiempo ni el olvido... Encontré en ella mi alma gemela, sin embargo, ella se siguió en busca de un mejor amor... Yo solo tengo amor para dar, y se me ha derramado una vez más.
Héctor
Derramaré vino y alcohol, construiré muros y en ese me excluiré de esta realidad sin su sonrisa de acuarela, sin sus ojos de princesa, sin sus labios de odisea, sin sus palabras sabias y sus delineadas formas de ninfa y hada.
Y seguiré esperándola, aunque no deba, y seguro estaré con una reserva de su amor, un poco de su incontable amor que me regaló para guardar en mi cava, en mi almacén de momentos lindos, de momentos felices... Esperando que un día vuelva a mi, para poderla amar, sin importar la distancia, ni el tiempo ni el olvido... Encontré en ella mi alma gemela, sin embargo, ella se siguió en busca de un mejor amor... Yo solo tengo amor para dar, y se me ha derramado una vez más.
Héctor
Thursday, July 28, 2016
Somnoliencia...
Con sueño y deseo de recibirte, de darte una bienvenida a mis noches, de reinaugurar el templo sagrado de tu alma, de cosechar el fruto divino que entregas cuando amas, de beber de tus mañanas para mantenerme en conserva, para endulzar un sombrío panorama y para despejar con nubes el cielo a plena madrugada.
A veces caígo en somnoliencia, como en este momento... Entre abro y cierro los ojos y no te he vuelto a ver.
Héctor.
A veces caígo en somnoliencia, como en este momento... Entre abro y cierro los ojos y no te he vuelto a ver.
Héctor.
Tuesday, July 26, 2016
Recaída...
A veces se retoman vícios que se creían olvidados, que se percibían ya dejados en el exilio de nuestras posibilidades... Hoy suscribo, bajo esta verborragea de líneas pensadas en ti, a la mejor de las adicciones, al mejor de los malos hábitos, que siempre es y será pensarte totalmente a plenitud. Degustarte como el aperitivo por excelencia que soslaya en la felicidad, palparte como una guirnalda, como una ofrenda, tan cadenciosa y perfecta, tan musa y poética, como una utopía, como un edén en mi sinfonía llamada vida.
De los recuerdos que me tienen atado al vício de tus recuerdos, es aquel que te comprende enterita, desde la vez primera en que te vi, hasta culminar con aquel beso en la mejilla que te di, esa línea de tiempo que yerme mi sangre, y de agonía crónica para poder sobrevivir con el espectro de tu ausencia, con la vilesa de haber registrado el sabor de tu piel, de cada textura de tu cuello, de cada poro de tu alma, de tu pecho, de tener grabado en mi mente el registro vocal de tu timbre de voz y sacarlo para probar pequeños bocados en mis tiempos de veda; todo un curso de supervivencia avanzado, con tu estrella como faro y mi ayuno como señuelo de tus recuerdos.
A veces, se retoman vícios que se creían olvidados; y hoy he recaído en pensarte Mar, pensarte en tu lejanía y en tu océano, donde no te diviso más...
Héctor
De los recuerdos que me tienen atado al vício de tus recuerdos, es aquel que te comprende enterita, desde la vez primera en que te vi, hasta culminar con aquel beso en la mejilla que te di, esa línea de tiempo que yerme mi sangre, y de agonía crónica para poder sobrevivir con el espectro de tu ausencia, con la vilesa de haber registrado el sabor de tu piel, de cada textura de tu cuello, de cada poro de tu alma, de tu pecho, de tener grabado en mi mente el registro vocal de tu timbre de voz y sacarlo para probar pequeños bocados en mis tiempos de veda; todo un curso de supervivencia avanzado, con tu estrella como faro y mi ayuno como señuelo de tus recuerdos.
A veces, se retoman vícios que se creían olvidados; y hoy he recaído en pensarte Mar, pensarte en tu lejanía y en tu océano, donde no te diviso más...
Héctor
Thursday, July 14, 2016
El Ciruelo.
Pasan las lunas, pasan los otoños en pleno verano; el Jardín de los helechos en el patio se ha entelarañado, extraña no haberte conocido para poder extrañarte, tan frondosa y clárida, a ella a ti, las dos como una sola, como una fotosíntesis en la mañana fija, con la luz solar brillando como una luna opaca.
Las esporas de las llanuras marchitan al ciruelo que no quiere dar mas de su fruto, solo su savia estéril que no provoca más que nostalgias y alguna que otra irritación; el cielo no compadece al ciruelo, el cielo no cesa su calor inmenso en las faldas del viejo y vetusto árbol, como oda de tu historia, como leyenda que cuenta el mito de tus realidades, de tus lejanas travesías por los parajes de mis labios, por las sendas de tus pechos... Como una Venus, como una Andromeda!
Visto lo que calza mi madriguera, rebusco un libro que instruya mi vida hueca, y socavo al tiempo, al reloj, que es un puño seco, que para bien o para mal, ya es muy tarde para alcanzar la mañana de tus atardeceres... Infinita en mis pensamientos, huyendo de ti y de mis líneas, de ti por medio de una poesía, de mi, por medio de una tarde que invento alguna excusa para no sentarme y para solo escribir en mi mente, sin pulsar las letras en el monitor.
Y el ciruelo se deshoja, el ciruelo tiene manchas de debilidad, de triste dolor y de vivir en una noche que no tiene final. El ciruelo se ha cubierto de un manto de ti, con su corazón tirado en ese rincón, pero negándose a morir, esperando su riego y las palabras de aliento, conservando el lugar en donde te pueda encontrar, con su soledad y tu cercanía, con su eterna tiniebla y tu luminosa existencia.
Y no te preocupes mi Ciruelo, como me dijo ella alguna vez... Todo estará bien.
Héctor.
Las esporas de las llanuras marchitan al ciruelo que no quiere dar mas de su fruto, solo su savia estéril que no provoca más que nostalgias y alguna que otra irritación; el cielo no compadece al ciruelo, el cielo no cesa su calor inmenso en las faldas del viejo y vetusto árbol, como oda de tu historia, como leyenda que cuenta el mito de tus realidades, de tus lejanas travesías por los parajes de mis labios, por las sendas de tus pechos... Como una Venus, como una Andromeda!
Visto lo que calza mi madriguera, rebusco un libro que instruya mi vida hueca, y socavo al tiempo, al reloj, que es un puño seco, que para bien o para mal, ya es muy tarde para alcanzar la mañana de tus atardeceres... Infinita en mis pensamientos, huyendo de ti y de mis líneas, de ti por medio de una poesía, de mi, por medio de una tarde que invento alguna excusa para no sentarme y para solo escribir en mi mente, sin pulsar las letras en el monitor.
Y el ciruelo se deshoja, el ciruelo tiene manchas de debilidad, de triste dolor y de vivir en una noche que no tiene final. El ciruelo se ha cubierto de un manto de ti, con su corazón tirado en ese rincón, pero negándose a morir, esperando su riego y las palabras de aliento, conservando el lugar en donde te pueda encontrar, con su soledad y tu cercanía, con su eterna tiniebla y tu luminosa existencia.
Y no te preocupes mi Ciruelo, como me dijo ella alguna vez... Todo estará bien.
Héctor.
Wednesday, July 06, 2016
El Paño de tu Nombre.
No sé si lees esto; la verdad es que casi no escribo ya, poco a poco va diluyendo esa pena que existía y se aferraba a mi garganta, poco a poco se va menguando y se va retrayendo hasta convertirse en brisa, en entumecimiento, en adormecimiento del cuerpo... Del alma.
He renovado mis bríos en la vida, sin embargo, en algún momento del día y en la noche, pienso en ti, vienes a mi mente y generas inestabilidad emocional; viéndolo desde la óptica correcta, estoy perfilando de manera errónea la situación, porque por más que pase el tiempo yo jamás te olvidaré, sin embargo, no percibo esa gana que mata y condena al corazón.
Tengo telarañas en mi mente, tengo polvo de tus recuerdos en mi piel, y sigo rayando el paño del espejo con tus nombres, sin embargo no me traiciona la vista y sigues sin aparecer...
Hector.
He renovado mis bríos en la vida, sin embargo, en algún momento del día y en la noche, pienso en ti, vienes a mi mente y generas inestabilidad emocional; viéndolo desde la óptica correcta, estoy perfilando de manera errónea la situación, porque por más que pase el tiempo yo jamás te olvidaré, sin embargo, no percibo esa gana que mata y condena al corazón.
Tengo telarañas en mi mente, tengo polvo de tus recuerdos en mi piel, y sigo rayando el paño del espejo con tus nombres, sin embargo no me traiciona la vista y sigues sin aparecer...
Hector.
Tuesday, July 05, 2016
Sin Tanto Espacio.
Donde quiera que vayas, yo estaré contigo,
al principio, al final o a mitad del camino,
yo estaré como sabes esperando ese día,
que la vida nos ponga frente a frente de nuevo
se que no puedo detenerte, cada quien es dueño de si.
Y donde quiera que vaya yo te llevo conmigo,
y se suele decir queremos buenos amigos,
mira que la vida suele dar muchas vueltas,
y a veces lo que tenemos no le damos valor,
y dejaré las puertas abiertas y toda posibilidad
Y vuela si quieres volar, desde arriba puedes mirar mejor,
no tardarás mucho en bajar y del suelo no pasarás,
no hay tanto espacio como se ve,
no hay tanto cielo como se ve.
FdV
al principio, al final o a mitad del camino,
yo estaré como sabes esperando ese día,
que la vida nos ponga frente a frente de nuevo
se que no puedo detenerte, cada quien es dueño de si.
Y donde quiera que vaya yo te llevo conmigo,
y se suele decir queremos buenos amigos,
mira que la vida suele dar muchas vueltas,
y a veces lo que tenemos no le damos valor,
y dejaré las puertas abiertas y toda posibilidad
Y vuela si quieres volar, desde arriba puedes mirar mejor,
no tardarás mucho en bajar y del suelo no pasarás,
no hay tanto espacio como se ve,
no hay tanto cielo como se ve.
FdV
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